18 de septiembre de 2021, 9:50:52
Opinión


Excesivo protagonismo mexicano

Beatriz Reyes Nevares


Sin querer echarle la culpa a nadie, como si fuera canción de Cuco Sánchez, sin ser fiscal, ni juez, ni sabelotodo, un análisis sencillo de los mexicanos de a pie, de clase media, pobres, de alta, de la burguesía, de los intelectuales serios, de los buenos estudiantes, de los buenos periodistas, de los medios, de la prensa escrita, radio, familias comunes y corrientes que sufren este asedio de la delincuencia, los excesos de toda índole, las calamidades de Apocalipsis, de los que día a día padecen, sufren en carne viva las mayores atrocidades: secuestros, asaltos, muerte de los hijos, atropellados en el camellón con sólo un añito, su madre, joven judía devastada, herida más en su alma que en su cuerpo lastimado, los robos en pleno súper mercado, los atracos fuera y dentro de las iglesias, católicas, sinagogas, luteranas, da lo mismo en todas.

Ya no puede irse tranquilamente a una boda, a los bautizos a los quince añitos, tan cursilonamente festejados. Menos a un antro.

La noche en México, Distrito Federal, se ha convertido en amenaza de muerte. Se es rehén de la delincuencia.

Es noticia siempre y cuando el joven fallecido, torturado, en todos los sentidos, es de familia pudiente. Dignos, entre todas las comillas, para aparecer en obituarios, de los tanatorios que cobran un ojo de la cara.

Pero la gente que pierde a un ser querido, merece el mismo respeto, un mínimo de atención, de consuelo, de que se le haga caso a su tragedia. No hay que ser famoso, burgués o multimillonario.

Entretanto, siguen los escándalos políticos, los dimes y diretes; la furia desatada como fuego que avasalla.

Ahora, el iracundo e impresentable, Arzobispo de Guadalajara, su colega Cardenal y Arzobispo primado de México y su nefasto vocero lanzan injurias e improperios.

Se llega al extremo de calumniar a los ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y al Jefe de Gobierno del Distrito Federal. Total desmesura, en los que deberían dar un buen ejemplo.

Puede no estarse de acuerdo en temas tan espinosos, tan delicados, pero, desde luego, perder los papeles, incordiar y atizar el fuego no conduce a nada bueno. Menos en los momentos que se vive.

Los jerarcas católicos no deben olvidar que México es un estado laico.

El paripé montado por el Cardenal Sandoval y porque no decirlo por Marcelo Ebrard está llegando a los límites del ridículo. Uno y otro no dan su brazo a torcer.

El protagonismo los ha envuelto en actores que el público rechaza. La ciudadanía lo que anhela, es que ambos hagan lo que les corresponde. Que cumplan con lo que deben hacer.

La Iglesia Católica sigue siendo en México mayoritaria, muchos se han alejado de ella, precisamente porque jerarcas como Sandoval viven como reyes, ni siquiera como príncipes, porque no los ven cerca de los pobres, de los que tienen hambre, de los que claman justicia. No protagonismos.

Igual sucede con Ebrard, la ciudadanía está hasta las narices de su protagonismo. Quiere que gobierne, que cumpla con su deber. No quieren que se sienta Benito Juárez, ni Plutarco Elías Calles.

Tanto uno como otro parecen olvidarlo. Están desatados, como chivos en cristalería.

Solamente les interesan los reflectores; parece importarles muy poco que tienen la obligación de trabajar para los demás, en serio, sin escenarios, ni cámaras, ni en los medios. Unos, con uno, otros con el enemigo. Eso es lógico.

No todos pensamos igual. Algunos pierden la objetividad y desorientan. Esa es la dura y cruel realidad.

A ninguno de los dos actores, les importa para nada, ni a uno su grey, ni a otro los ciudadanos, que ya están hasta las narices

Tan insensatos unos como otros, se requiere cordura, sensatez y patriotismo.

O sea un milagro Guadalupano.

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