27 de septiembre de 2021, 17:28:48
Opinión


¿El fin de un secuestro o el principio del próximo?



Después de casi nueve meses los dos cooperantes de la organización catalana Acción Solidaria, secuestrados en Mauritania por Al Qaeda en el Magreb Islámico en noviembre del año pasado, han sido liberados. La información sobre lo que estaba sucediendo fue filtrada por una cadena de noticias árabe, Al Arabiya, afectando los planes de Rodríguez Zapatero de no adelantar ningún comentario al respecto. Ante las posibilidades de que la liberación tuviera contratiempos, el gobierno español no hizo ninguna declaración hasta que los cooperantes cruzaron a Burkina Faso desde Malí, donde se les recogería para trasladarlos a Barcelona.

La noticia es motivo de alegría para todos, empezando por los secuestrados y sus familiares, pero el coste de la operación ha sido muy elevado y no lo decimos sólo ni principalmente refiriéndonos a la cuantía del rescate. El secuestro de los tres cooperantes, una liberada en marzo pasado, ha implicado no solo esfuerzos diplomáticos y de inteligencia, sino también un desgaste para el gobierno español y un mal precedente en el trato con terroristas. Por una parte se ha pagado un rescate a los terroristas, con lo cual se ha contribuido al financiamiento de más actos delictivos. Por otro lado, después de confusas y enredadas negociaciones, la liberación de los cooperantes ha supuesto también la liberación de uno de los responsables de su secuestro, el mercenario conocido como Omar Saharahui. En suma, se ha enviado el mensaje de que secuestrar españoles es rentable y no presenta riesgos.

Saharahui, preso y condenado en Mauritania, fue trasladado a Malí, país que no solicito su extradición y donde no tiene cargos penales pendientes, quedando de esta manera libre. La puesta en libertad, de manera oscura y presuntamente ilegal, fue el precio que se pagó al líder de la célula terrorista que tenía a los catalanes en su poder. La actuación del gobierno del presidente Zapatero tendrá, sin duda, implicaciones que se manifestarán desgraciadamente con mayor claridad en el futuro. Se ha enviado un mensaje a los terroristas de cualquier lugar, que el gobierno español cede a los chantajes y que esta dispuesto a negociar con delincuentes. Remunerar la violencia no acaba con el terrorismo: lo reproduce y lo perpetua.
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