24 de septiembre de 2019, 11:11:48
Opinion


Elecciones sin sentido del humor



Uno de los hobbies favoritos por los latinoamericanos corre el riesgo de extinguirse en Brasil y es que una enmienda legislativa prohibe a los humoristas del gigante suramericano satirizar e imitar a los candidatos presidenciales para los comicios de octubre. ¿Un nuevo mecanismo de censura en el “Nuevo Continente”? Parece que así es. Y es evidente que a los humoristas de ese país no les sentó nada bien la medida y con razón.

Los comediantes, caricaturistas, monologuistas y cuanto representantes de este género existen sobre la faz de la tierra se le puso el semblante serio y salieron a las calles con pancartas en mano para protestar contra una legislación que, además de atentar contra la libertad de expresión, es absurdamente “proteccionista” hacia los aspirantes a suceder al presidente Luiz Inacio Lula da Silva. Figuras públicas que concienzudamente han asumido el riesgo de exponerse ante la ciudadanía y por ende han de saber estar en la línea de fuego de chistes, risas y bromas. En otras palabras, no se puede cercenar el derecho al sentido del humor y mucho menos al de la risa de millones de votantes que en menos de dos meses se congregarán en los centros de votación para elegir al nuevo Jefe de Estado de la nación más influyente de América Latina.

Hacer mofa de los políticos es una de las mayores catarsis al otro lado del Atlántico. Ante tantos problemas de coyuntura social y política, el humor resulta el mecanismo más fino e inteligente para movilizar a la opinión pública latinoamericana, al extremo de que una buena sátira, una viñeta o una caricatura puede ser más eficaces que la seria reflexión de un columnista, a la hora de generar impacto para poner un tema sobre la mesa de debate. No en vano, estos profesionales se mueven muy bien en las lindes del periodismo de opinión con un importante séquito de seguidores que les adora y unos de políticos que les tienen pavor.

La controvertida normativa, más que una legislación que pretende amparar la integridad de los que aspiran a convertirse en el próximo presidente de Brasil, resulta un mal chiste digno del “Día de los santos inocentes”, pero con la diferencia de que es una realidad lamentable y grotesca que a nadie le hace gracia.
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