17 de septiembre de 2019, 4:17:40
Opinion


Camps vuelve al ruedo



En el inicio de curso político el presidente de la Generalitat Valenciana y del PP de la Comunidad Valenciana, Francisco Camps, vuelve a ser el centro de la atención política. Pese a la polémica del caso Gürtel y que está siendo objeto de una investigación judicial, los populares valencianos le arropan vehementemente a bombo y platillo, para que sea su candidato en los comicios autonómicos de 2011.

El problema es que la democracia occidental no es la plebiscitaria, sino de un sistema que debe operar bajo el “Imperio de la ley”, por lo que, tanto la Generalitat como el Estado español en general, no deben aupar tal iniciativa debido a que hay personas imputadas en un proceso en donde el nombre de Camps se ve seriamente comprometido, lo que supondría el deterioro de un adecuado y sano funcionamiento de nuestras instituciones. Un hombre que incurrió en los fallos en los que cayó el líder valenciano debe plantearse si está en situación de continuar su carrera política. Y, si no lo hace él, debiera planteárselo la cúpula del PP.

Se trata de resguardar la democracia en todos sus niveles, ya que nuestros políticos tienen el deber y la obligación de ser un ejemplo y un modelo a seguir para la ciudadanía, debido a que su compromiso como representantes de la ciudadanía les impone un plus de ejemplaridad. Lamentablemente, el presidente valenciano, con todos sus votos no reúne ese requisito, dado que, por lo menos, su nivel ético resulta sumamente discutible. Por ello -y aún cuando este hombre sea uno de los caballos ganadores de su partido- disentimos de sus allegados en el PPCV que lo tildaron como el mejor candidato para Valencia.
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