25 de agosto de 2019, 13:11:28
Opinion


Comer en Galicia: "chocolate"

Antonio D. Olano


Pontevedra e boa vila…A nadie le quepa duda de que la ciudad y sus alrededores, nada menos que las Rias Baixas, forman y conforman una de las provincias más hermosas de esta Galicia tan española.

Como lo espiritual no impide lo turístico, recordemos que durante este Año Santo compostelano no todo el peregrinaje llegó a la capital gallega desde Roncesvalles, ni siguiendo el camino de la plata. Existen otros peregrinos, léase turistas, que van a la búsqueda de los paisajes más impresionantes del continente europeo. Léase y véase A Costa da Morte, las Rías Baixas, las rías altas luguesas, la terra chá…

Al turista lo que más le importa es dejarse sorprender. Y se entusiasma con todo lo que aparece ante su vista como nuevo. También busca, además de paisaje más sorprendente del universo mundo, los productos gastronómicos de los que tanto ha oído hablar. Y que nada tienen que ver con esos camelos, estúpidas reinvenciones de mal llamados cocineros y que, en vez de fogones, debieran servir sus hidrógenos, oxígenos y demás zarandajas, directamente de la alquimia que se construye en los laboratorios farmacéuticos.

Pero el verdadero gourmet lo que busca son los gloriosos y sabrosos tópicos. Verbigracia “Fandiño”, situado en Allariz –desvío de pocos kilómetros cuando nos dirigimos a Orense. Allariz ha sido distinguido en ocasiones varias como el pueblo más hermosos de Europa.

¿Puede sustituir la alquimia a los centollos, bogavantes, percebes de “Casa Simón” .¿O una pildorita nos hará olvidar las ostras de Arcade, las almejas de Carril , los pimientos de Padrón, las contundentes guisos de “Casa Vilas?.O, la pildorita en cuestión arrancará de nuestra memoria lo que la Cultura de la Cocina debe a Manolo Cores, el famoso y universal “Chocolate”, ahora recogido en sus cuarteles de Vilajuán. De vez en cuando escuchamos la sirena. Y el gran navío gastronómico de Josefa y Chocolate, vuelve a hacer millas, las campanas tocan a rebato porque esos grandes cocineros, universales por cierto, emprenden singladuras. Solamente para reunir a los amigos.”Chocolate”, un titán de los fogones, construye un nuevo espacio en el que debería leerse: Pase sin pagar.

Los mejores mariscos gallegos se los llevaba a Miami a s fraternal amigo Julio Iglesias. O los brindaba a Camilo José Cela, Alvaro Cunqueiro , José María Castroviejo y un amplio y seleccionado etc.

Uno, paseante en Vigo, es fiel a “El Mosquito” y a su local de La Piedra, con la venta callejera de ostras y en donde, créanme, el colesterol marisquero es de primera calidad. Ni “La Centoeira” del Grove, “Simón” de Moaña…

“Tira do Cordel”, en Finisterre, “Tira da barca”, en Muxia, el pulpero Bar Fiuza coruñés, “Paro” o “Manda truco” o “Manolito”. No olvidemos “La tasca” de Pontevedra. En definitiva: nada se puede olvidar del paseo paisajístico, natural, ni de los condumios de la tierra del gran gastrónomo Julio Camba y también de los grandes especialistas autores del “Teatro Venatorio y Coquinario Gallego”. Sus autores, especialistas en la mejor literatura con o sin gastronomía son José María Castroviejo y Blanco Cicerón y el otro irrepetible fabulador Alvaro Cunqueiro y Montenegro .

Y un largo etc. Para no convertir esta crónica en una guía gastronómica gallega para la que me faltaría espacio.

No hay una sola fecha, sobre todo del verano, en la que en Galicia no se celebren fiestas importantes y populares. Además de la devoción al santo del día, se rinde culto al bebercio y al condumio. Vinos gallegos compiten en Padrón. Pote gallego, cocido gallego, feira do pulpo. ¡Manes de las anguilas que se festejan en Valga, tierra de la Bella Otero.

Naturalmente no olvidemos la apoteosis, las fiesta do Globo en Os Caneiros, de Betanzos. Barcas, barcazas, surcan el rio. Acampada. Romería. Gaitas y panderetas. En las márgenes del rio comidas que parecen encargadas por el mismísimo Pantagruel.

Escasos días de vacaciones. Los dedico después de mis achaques de salud que alguno de ustedes conoce perfectamente, a reencontrarme con personas, cosas, costumbres, paisajes, que estaban vetados para mi.

De nuevo mi salud está directamente relacionada con este nuevo viaje a Galicia. Releo a “Picadillo” y a doña Emilia Pardo Bazán, recuerdo a Victor Sueiro y a otros especialistas en el buen yantar.

Antes de emprender el viaje hacia mis ancestros y pecados capitales de la gula, me proveo de los medicamentos reglamentarios en la farmacia de mis amigos Aurea de Alvaro y Francisco Lanzuela. Pero, juro y perjuro que a mis amigos, los boticarios de Clara del Rey, no les pediré nunca pastillas que específicos que sustituyan a los mejillones, al lacón con grelos, a las filloas Prefiero el fogón a los laboratorios.

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