26 de septiembre de 2021, 5:31:36
Opinión


Un muerto de Chávez

Sadio Garavini di Turno


“Patria, socialismo o muerte”, el necrofílico lema, que Chávez ha impuesto a las Fuerzas Armadas venezolanas para transformarlas en milicias del partido-Estado y guardia pretoriana del caudillo, refleja claramente la vocación totalitaria del régimen chavista.


Esta vocación se ha concretado en la primera muerte de conciencia del gobierno. Franklin Brito no es el primer muerto del régimen, ya van varias decenas, sin embargo es el primer muerto de conciencia de Chávez. Brito, un pequeño productor agropecuario, que por seis años y en ocho huelgas de hambre luchó para recuperar las tierras que le fueron confiscadas, en violación del derecho de propiedad garantizado por la Constitución.


El gobierno no sólo ignoró la solicitud de Brito para que le devolvieran plena y legalmente sus tierras sino que, por orden del Vicepresidente de la República fue confinado, en contra de su voluntad, en el Hospital Militar, supuestamente para “garantizarle” la vida. Se le impidió tener acceso a una asistencia médica de su confianza y para colmo la Fiscal General “determinó” que Brito era mentalmente inestable.


El caso Brito es una prueba más del evidente proyecto comunista del régimen. El propio Fidel Castro, en unas declaraciones recientes a unos periodistas del canal del Estado venezolano, afirmó que el “socialismo del Siglo XXI” de Chávez no es otra cosa que el comunismo. El caso Brito no se asemeja sólo al reciente caso Zapata en Cuba, recordemos, entre otros, el caso del líder estudiantil, luchador en contra de la dictadura de Batista, Pedro Luis Boitel, que, condenado a 10 años de prisión por disidente, murió en 1972, después de 53 días en huelga de hambre, en protesta por las condiciones inhumanas de la prisión.


También la acusación a los disidentes, a los ex aliados y hasta a los mismos compañeros caídos en desgracia, de padecer de inestabilidad mental es una característica típica de los regímenes comunistas, instaurada por Lenin, desde el inicio mismo de la revolución. Recordemos el caso de Maria Spiridonova, la popular líder del partido Socialista Revolucionario ruso, aliado de los Bolcheviques en la Revolución de Octubre y el partido que había obtenido la mayor cantidad de votos en la Asamblea Constituyente de 1918 y que por cierto fue clausurada a tiros por órdenes de Lenin. Spiridonova, por condenar el terror desatado por la Cheka, la policía política, capitaneada por el asesino masivo Dzerzhinski, fue arrestada, en febrero de 1919, junto con 210 otros militantes y clausurada en un hospital psiquiátrico por su “estado histérico”.


En Venezuela, los aliados y los mismos miembros del partido de gobierno deberían empezar a preocuparse. No olviden como terminaron los héroes de la revolución y fundadores del Partido Comunista: Trotsky, Kamenev, Zinoviev y Bucharin, para sólo mencionar los más relevantes, entre los centenares de miles de miembros del partido que fueron ejecutados por sus propios compañeros.


Chávez se ha declarado marxista leninista y ha claramente radicalizado el proceso venezolano. La creencia ideológica en que la Historia tiene un sentido predeterminado y que concluirá con el “reino feliz de los tiempos finales”, ha sido el mito que, aunado al principio de que el fin justifica los medios, explica como los comunistas han justificado “moralmente” el sacrificio de millones de personas, en aras de acelerar la llegada de esa utópica “Edad de oro”. La muerte de Brito es un aviso más.
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