20 de noviembre de 2019, 20:55:35
Opinion


Alemania y la energía nuclear: un enfoque serio y responsable



Después de un largo debate, el Gobierno alemán ha acordado prolongar la vida de las 17 centrales nucleares nacionales una media de 12 años. La decisión del gabinete de Angela Merkel forma parte del nuevo concepto energético del país a medio y largo plazo y, probablemente, representará la piedra angular de la estrategia energética alemana, que será anunciada a finales de septiembre.

Por lo que concierne la “locomotora de Europa”, el pacto alcanzado por el Gobierno deberá poner fin a la disputa que en los últimos meses se ha producido dentro del propio Ejecutivo. Además, la presentación de un nuevo plan energético viable y eficaz representa, para la canciller Merkel, una ocasión de invertir la tendencia a la baja en las encuestas de voto frente a las importantes serie de elecciones que tendrán lugar en el país a principios de 2011.

A nivel europeo, la noticia reabre el necesario debate sobre la energía nuclear y la necesidad de energías alternativas. La decisión de Alemania demuestra cómo, en la transición hacia otros modelos energéticos (renovables), se hace necesario valorar la energía nuclear y considerar el tema sin prejuicios o escepticismos, a través de una postura científica, realista y constructiva. Merece la pena recordar que el actual desarrollo económico y el progreso tecnológico necesitan un suministro garantizado de energía, cuya producción tiene un gran impacto en el medio ambiente y cuyas fuentes son limitadas. La apuesta por las energías renovables representa una necesidad ineludible pero aún lejana en el tiempo. Por lo tanto, mientras la energía eólica y la solar constituyen soluciones limpias y futuristas -pero caras e insuficientes-, la energía nuclear adquiere una nueva importancia en esta etapa de transición.

España carece de un debate serio sobre el tema, mostrando la imperiosa necesidad de abordar la cuestión energética más allá de las protestas de Garoña y de las alarmas de los detractores de la energía nuclear. Eso sobre todo, si tenemos en cuenta la dependencia energética española de países productores, con la consecuente inseguridad generada por la volatilidad e inestabilidad de los precios (y frecuentemente por la política de estos países).

Ante el exponencial crecimiento de la demanda energética que se vaticina en los próximos años, la alternativa nuclear debe ser considerada de forma seria como una posible opción, sobre todo si tenemos en cuenta que representa una de las alternativas energéticas menos contaminantes, tal y como sostienen varios grupos ecologistas y gran parte de la comunidad científica internacional.

Finalmente, la política energética de un país no debe asentarse sobre sondeos o manifestaciones sino sobre evaluaciones y criterios económicos. La necesidad de crear un plan de estrategia energética a largo plazo, que favorezca la eficiencia energética y el uso racional de la misma procurando producir el menor impacto posible para el medio ambiente, obliga a abandonar dogmatismos y prejuicios sobre la energía nuclear y a reabrir el debate con mayor seriedad y sensatez.
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