16 de diciembre de 2019, 12:09:27
Opinion


El catalanismo como excusa



El PSOE no ha olvidado que en las últimas elecciones generales obtuvo 25 diputados en Cataluña, comunidad en la que también gobierna a nivel autonómico. El ministro Corbacho, ex alcalde de Hospitalet, ha dejado su cartera de Trabajo para reforzar la candidatura de un Montilla que tiene ante sí un horizonte electoral sumamente incierto. Y hasta José Luis Rodríguez Zapatero acudió ayer a la Fiesta de la Rosa, descolgándose con una propuesta sobre un debate identitario en torno a Cataluña. Es decir, más nacionalismo. Un catalanismo que ahora parece la principal arma de la práctica totalidad de fuerzas políticas ante los próximos comicios autonómicos.

En este sentido, es interesante observar el duelo matizado que libran socialistas y CIU, con diferente intensidad dependiendo de si la palestra está en Madrid o Barcelona. Tiene razón Montilla cuando afirma que Durán Lleida es muy nacionalista en Cataluña, y algo menos en Madrid. Y también, indudablemente, al acusar al partido nacionalista de falta de ética al publicar en su revista oficial una entrevista con Pascual Maragall -enfermo de Alzheimer- en la que el ex Presidente de la Generalidad venía a decir que CIU era más válida como depositaria de los valores catalanistas que el PSC.

Los convergentes son rivales del PSC y, al mismo tiempo, aliados del PSOE, a quien ya le han salvado la cara en esta legislatura más de una vez. De todos modos, la calculada ambigüedad de CIU no es algo nuevo en la vida política; los socialistas deberían saberlo mejor que nadie. Lo que si es novedoso, sin embargo, es ese afán por llegar primero en la carrera por ver quién es más catalanista en la que parecen haberse embarcado todas las fuerzas políticas -PP incluido-. ¿Es que acaso la identidad de Cataluña es lo más importante como para que no se hable de otra cosa? ¿No tiene retos más acuciantes la sociedad catalana que andar debatiendo sobre el hecho diferencial? José Luis Rodríguez Zapatero ya ha visto dónde le han conducido sus intentos de arrinconar políticamente al PP -recuérdese el Pacto del Tinell- y de ser más nacionalista que CIU y Esquerra juntos; el Constitucional tumbó aspectos básicos del Estatut, y Montilla puede perder la Generalidad. Después de la derrota en Galicia de la fórmula socio-nacionalista, el señor Zapatero debiera reflexionar si le merece la pena seguir agitando los rescoldos secesionistas desde la perspectiva de un partido de corte nacional, que no nacionalista.
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