19 de septiembre de 2021, 12:36:27
Opinión


Surrealismo mexicano

Beatriz Reyes Nevares


Sale uno de la resaca de las fiestas patrias para entrar a una semana que fue turbulenta en muchos sentidos, desde los terribles desastres e inundaciones causadas por huracanes, ciclones, o como se les de la gana denominarlos, para vivir emociones encontradas, tristeza y pesar por la muerte del ministro José de Jesús Gudiño, quien falleció de un tercer infarto cuando vacacionaba en Londres con su familia. Uno de los mejores juristas, hombre serio, firme, Incorruptible.

Hará muchísima falta en la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Ojala lo sustituya alguno que no sea político, ni cuota de partido Político.

Vino en seguida el centenario de nuestra UNAM. Digo nuestra porque es parte de mi ser, porque desde pequeña estuve cerca de ella; mi abuelo paterno, el Dr. Alfonso Pruneda, fue rector de la Universidad Nacional, justamente poco antes de la Autonomía. Gracias a él estuve cerca de sus amigos y colegas.

Conocí a Gómez Morín, a Ignacio García Téllez, a Luis Garrido, a los Dres. Zubirán y Chávez. Fundadores ambos de los Institutos Nacionales que llevan sus nombres, Nutrición y Cardiología.

Colaboré muchos, muchos años después con Rosario Castellanos, quién fue directora de prensa, la gran escritora chiapaneca. Al mismo tiempo era chofer de mi marido que impartía clases en la facultad de Derecho. También lo había acompañado, desde novios a la facultad de Filosofía y Letras, al bellísimo edificio de la Ribera de San Cosme llamado Mascarones, con sus amigos y compañeros del grupo Hiperión los filósofos Leopoldo Zea, Emilio Uranga, Ricardo Guerra, Jorge Portilla y Luis Villoro, el único sobreviviente, al Igual que Fausto Vega.

Trabajé de cerca con el Dr. Jorge Carpizo, en difusión; presencié las broncas del mismo estilo que las de la época del Dr. Chavez, como también las tuvo posteriormente, el Dr. Barnés de Castro.

Conocí al Dr. Soberón, médico ilustre, activo y vital, enérgico hasta la fecha. Por razones familiares, desde niña, también fui cercana a la familia Barros Sierra. A Catalina Sierra Casasús, a Salvador, a Pepe y al insigne, valiente y enérgico Ingeniero Javier Barros sierra, paradigma para los mexicanos, por haber enfrentado con valentía, firmeza y hombría de bien al régimen autoritario de Díaz Ordaz en 1968.

Estos días fueron, repito, de emociones encontradas. El Rector Narro, ex colaborador de Carpizo y de mi querido Juan Ramón de la Fuente, fue la estrella, el que brilló en todas y cada una de las ceremonias que, para celebrar el aniversario, se efectuaron.

La UNAM pese a sus fallos, a los rezagos, a muchos asuntos rezagados que deben orregirse, que son asignaturas pendientes, no en vano obtuvo el premio Príncipe de Asturias este mismo año, deben rescatarse, por el bien de la universidad, dentro de ella misma valores y principios. Exigir calidad, que no haya ausentismo, que los proyectos de investigación sea acordes con el mundo que se vive, con los tiempos, con las circunstancias, que se les quiten los privilegios a los dos sindicatos y que se cobre cuota a los que de sobra podrían cubrirlas.

Basta ver los coches lujosos aparcados en los estacionamientos, que haya calificaciones mínimas para poder continuar con los estudios, que se vinculen escuela y empresa, para que los egresados tengan oportunidad de puestos de trabajo; que haya Orientación Vocacional en serio. Qué bueno que le den más presupuesto. Es justo.

Aunque sea Perogrullada, pero de la educación depende México. Y no olvidar que hay muchas Universidades en provincia y muchas privadas que son excelentes.

No hay que ningunearlas, nuestra alma mater es la UNAM, se da por descontado, pero hay a lo largo y ancho del país muchas más, de las que se puede hablar bien, muy bien.
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