6 de mayo de 2021, 20:19:24
Opinión


Nápoles, San Gennaro no basta

Andrea Donofrio


Mientras los napolitanos esperan con ilusión la confirmación de que Maradona celebrará sus 50 años en Nápoles, montañas de basura vuelven a acumularse en la ciudad. Mientras la sangre de San Gennaro volvió a licuarse en el Duomo (catedral), signo de buenos auspicios para la ciudad, el cardenal Crescenzio Sepe lanza la alarma en una homilía apocalíptica sobre la decadencia económica, política, social y moral de la ciudad. La situación de Nápoles no mejora y parece que a poco podrán servir la vuelta del Dios pagano o el milagro del santo, sobre cuya autenticidad, los napolitanos no admiten escepticismos ni bromas.

Por su parte, Sepe, investigado por corrupción en el escándalo de las adjudicaciones de obras públicas, por su gestión del patrimonio inmobiliario de la Santa Sede, ha recordado que “en Nápoles ya no hay ni pan ni esperanza”. En realidad, la Camorra sigue dándole su pan, un “pan maldito”, pero no cabe duda de que siempre se trate de pan. Frente a la fragilidad institucional que afecta a la ciudad (y en todo el mezzogiorno de Italia), la situación empeora, la camorra suple al sistema legal, convirtiendo a los jóvenes napolitanos (se estima un paro del 40%) en sus “soldados”. Los scugnizzi constituyen carne de cañón, sin trabajo y sin perspectivas futuras.

Además, la nueva emergencia basura significa que el sempiterno pacto política-Camorra ha vuelto a romperse. En 2008, un Berlusconi recién elegido solucionó la dramática y nefasta emergencia basura en apenas dos semanas, sellando un nuevo acuerdo con los clanes locales y construyendo nuevos vertederos. ¿Se habrá roto nuevamente el pacto? ¿Se habrán colapsado los vertederos? De momento, poco se sabe, pero se teme que las imágenes de las calles de Nápoles sepultadas por la inmundicia podrán volver a dar la vuelta al mundo.

La Camorra sigue dominando la ciudad, ofreciendo protección y dinero; su metástasis de ilegalidad contamina e infecta cualquier ámbito civil y laboral, desde la construcción a la droga, pasando por la política y el tratamiento de los residuos y de los desechos tóxicos. La clase dirigente campana no parece inmune a su poder o impermeable a su dinero. Consecuentemente, los lazos se estrechan y resulta difícil diferenciar de si se trata de camorra en política (caso Cosentino) o de políticos camorristas.

Mientras tanto, los napolitanos pierden la esperanza, considerando que el Estado italiano, desde hace décadas, abúlico y desautorizado en gran parte de su territorio, ha abdicado y renunciado a una guerra nunca empezada. Sus competencias han sido delegadas a las organizaciones criminales que gobiernan la ciudad y gestionan la economía local. Queda poca esperanza: Nápoles, desde siempre considerada la capital de la genialidad en la supervivencia, muestra dificultad en imaginarse su mañana, a reinventarse un futuro mejor, a soportar tantas dificultades.

Se trata de algo más que un déficit de credibilidad. Frente a un Estado acostumbrado a eludir sus responsabilidades, se perpetra una grave crisis, donde corrupción y colusión están a la orden del día. Incompetencia política, incuria administrativa, corrupción y crimen organizado están determinando la dramática situación del sur de Italia. Nápoles necesita una gestión trasparente y un gobierno que ofrezca soluciones eficaces (y no medidas paliativas) que atajen de raíz el problema de la Camorra. Querido San Gennaro, aquí parece que de verdad hace falta un milagro, pero de los buenos.
Ps. Finalmente, el miércoles 29- día de su cumpleaños-, Berlusconi someterá su manifiesto político al voto del Parlamento. Sin mayoría, debería dimitir: ¿no sería un bonito regalo de cumpleaños para todos los italianos?
El Imparcial.  Todos los derechos reservados.  ®2021   |  www.elimparcial.es