14 de octubre de 2019, 10:39:48
Opinion


España y su cohesión

José Manuel Cuenca Toribio


En la consideración general, el oficio de historiador semeja ser muy ocasionado al vaticinio y la profecía. Pero, en verdad, muy rara vez suele ser así. Como los economistas enriquecidos con la Bolsa, son muy pocos los estudiosos de Clío que figuran en la reducida lista de los videntes censados en los diversos pueblos de Occidente, no muy dotados en conjunto, al contrario de los orientales, para ese tan difícil ejercicio, no obstante la proliferación de juegos nigrománticos, narraciones y, hodierno, filmes consagrados a descifrar sus arcanos.

Mas dicha circunstancia –tara o manquedad, si se prefiere-, claro es, no ha de impedir que los profesionales del gremio en cuestión ocupen algunas de sus horas en reflexionar, a la luz del pasado, acerca del porvenir de su país y, en ciertos casos, aun de la humanidad. Así, el espectacular atrezzo mediático con el que ha sido acompañado el camino triunfal de nuestra selección futbolística hacia la apoteosis final, protagonizada por una comunidad –en especial, en sus sectores juveniles- realmente enfebrecida de patriotismo y exaltación de la identidad nacional, proporciona, sin duda, amplia materia para meditaciones volanderas en punto al último extremo.

Frente al entusiasmo español o españolista suscitado por dicho acontecimiento como revigorización de la cohesión del país, el articulista guarda, à rebours, no escasas reservas. Los elementos vertebradores de tan trascendente sentimiento no han de estribar –al menos, esencialmente, en estados de ánimo y emociones más o menos pasajeras y sometidas en gran medida a los intereses de los medios-. La historia, la geografía, la literatura, el arte fueron, entre otros quizá de menor entidad, hasta ha no mucho tiempo atrás, factores decisivos en la cristalización del patriotismo de los diversos Estados de nuestro entorno y, por supuesto, en nuestro propio solar, entrañado por la impregnación en cada uno de sus habitantes de tales experiencias e ideas. En el presente, buena parte de tal acervo se encuentra astillado y disminuido por la pujanza de una identidad reducida a la pulsión telúrica de la región –perdón, comunidad autónoma-y, dentro de ella, aun de la propia provincia. La conjugación de ambas actitudes es fácilmente compatible y así ocurrió hasta un ayer reciente. Desde la escuela, la parroquia y el cuartel se trabajaba para ello, con acierto no siempre indeficiente, pero, de ordinario, buscado con ahínco, al margen de opciones políticas y situaciones sociales. Ante una coyuntura de signo si no opuesto, sí de muy distinto sesgo, con tendencias crecientemente poderosas en contra de los elementos unificadores, cabe preguntarse si la cohesión de la colectividad española podrá descansar sólo o de manera primordial en corrientes de carácter episódico y, a menudo, superficial.

Más que en la época en que fuesen formuladas, las palabras de Salvador de Madariaga, gloria del pensamiento liberal y de la patria que le vio nacer, semejan revestir una importancia y gravedad singulares: “Por naturaleza soy poco dado a mirar hacia atrás. Al ponerme a escribir estas memorias, mi propósito no se limitaba a echar una ojeada retrospectiva a “mis primeros ochenta años”, sino a algo más concreto, más objetivo y más urgente: acercarme con la vida, y no meramente con la lógica y la polémica, al problema para mí más grave de cuantos asedian a España: el de su pluralidad frente a su unidad”. (Memorias de un federalista. Buenos, Aires, l967).
El Imparcial.  Todos los derechos reservados.  ®2019   |  www.elimparcial.es