13 de diciembre de 2019, 18:12:08
Opinion


III Congreso Mundial del Pueblo Checheno

Izabela Barlinska


Hace dos semanas, Ajmed Zakayev, líder del gobierno separatista checheno en el exilio, fue a Polonia para participar en el III Congreso Mundial del Pueblo Checheno celebrado en Pultusk, una localidad de la periferia de Varsovia.

Zakayev fue comandante de los separatistas en la primera guerra chechena 1994-1996 y desde el 2001 pesa sobre él una orden internacional de arresto emitida por la Interpol a petición de Rusia, que la acusa de terrorismo.

Rusia, que asegura luchar contra terrorismo internacional, insiste en que los representantes de la denominada república de Ichkeria organizan unos encuentros que no ayudan a la normalización de la situación en el Caúcaso Norte y que tienen por objetivo crear problemas constantemente.

Ya en 2002, durante el I Congreso Checheno en Copenhague, Rusia exigió el arresto y la extradición de Zakayev, pero el tribunal danés le dejó en libertad. Tres años más tarde, el tribunal en Londres, donde Zakayev vive desde que Reino Unido le concedió asilo político en 2003, rechazó las pruebas proporcionadas por Rusia para apoyar su petición de extradición.

La llegada de Zakayev ha puesto a Polonia en una situación complicada dadas sus delicadas relaciones con la vecina Rusia. Como Estado miembro de la Interpol, Polonia tiene la obligación de aplicar las órdenes internacionales de detención. Así que Zakayev ha sido arrestado, detenido durante unas horas, y puesto en libertad. El tribunal polaco decidió que el hecho de que Reino Unido, uno de los países miembros de la UE, haya garantizado asilo a Zakayev significa que no hay motivos legales para su extradición y que este veredicto debe ser respetado por otros países miembros de la UE.

El III Congreso reunió a un centenar de exiliados chechenos. Vinieron no solamente los activistas del movimiento independentista que luchan por la independencia de la provincia del Caúcaso Norte, sino también muchos refugiados que emigraron a varios países europeos, huyendo de la pobreza y persecuciones en la Chechenia gobernada por Ramzan Kadirov, nombrado directamente por Moscú.

Mientras que todos esperaban cómo se iba a resolver la petición de extradición, el Congreso terminó con un llamamiento para no olvidar el drama de Chechenia y para considerar a los refugiados chechenos como exiliados y no como emigrantes. Los delegados recordaron también que cada año en Chechenia pierden la vida o desaparecen miles de personas, y que muchos están en las cárceles rusas sin haber sido acusados formalmente y sin proceso judicial.
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