24 de noviembre de 2020, 1:11:25
América

Es la favorita en los comicios de este domingo


Dilma Rousseff, a la sombra de Lula


Este domingo Brasil celebra elecciones presidenciales en donde el brazo derecho de Lula, la ex número dos de su Gobierno, Dilma Rousseff, se apunta como la gran vencedora de una contienda, en donde el actual mandatario brasileño, ha sido en realidad, la verdadera estrella de una campaña electoral marcada por el sentimentalismo, los logros diplomáticos y los escándalos políticos.


Tener de “padrino” a Luiz Inácio Lula da Silva y ser la “Dama de Hierro” de Brasil le ha facilitado el camino a Dilma Rousseff para convertirse en la primera mujer que podría hacerse con la presidencia del gigante suramericano. La que fuera ministra de la Casa Civil,- el equivalente al número dos en el Ejecutivo brasileño-, ha reinado con comodidad los sondeos con un holgado porcentaje que oscila entre el el 45 y 50 por ciento, a pesar de que, por momentos, su campaña se ha visto empañada por el último escándalo político que explotó dentro de la administración Lula: la dimisión de su sucesora en el Ministerio, Erenice Guerra, que está implicada en una trama de corrupción, protagonizada presuntamente por dos de sus hijos.

Sin embargo, esto no ha alterado los planes del Partido de los Trabajadores (PT) de mantenerse como principal fuerza política por tercera legislación consecutiva. Los logros del “lulismo” y el mismo Lula han sido el comodín que le ha dado oxigeno a Rousseff y le han acercado al Palacio de Planalto. Atrás quedaron los sinsabores de una andadura electoral que comenzó en 2008 sin el beneplácito de su partido y con tan sólo el 2 por ciento de intención de votos; cifra que contrastó con el 38 por ciento que en aquel momento ostentó el candidato del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) y principal opositor del Gobierno, José Serra.



Pero detrás de su vertiginosa popularidad está el cerebro de Luiz Inácio Lula da Silva, quien para los analistas, ha sido el verdadero arquitecto de la exitosa campaña presidencial del PT. El mandatario, además de prestar su carisma a favor de la que podría convertirse en su sucesora, armó el equipo que acompañará a Dilma en esta nueva etapa, conformado por varios de los pesos pesados de su administración como el Ministro de Hacienda, Antonio Palocci; el de Comunicación, Franklin Martins; el Diputado Federal, Ricardo Berzoini; o el Director de la Oficina de Turismo, João Santana, entre otros.

Es indudable que Lula,-el hombre que al llegar a su primera magistratura confesaba que el título de presidente de la República Federal de Brasil fue el primero que recibió en su vida-, es el motor de un modelo político que ha situado al gigante del sur en el mapa internacional, logrando en ocho años avances significativos en materia de inversión y relaciones exteriores. Tales méritos le han valido al mandatario presumir del 80 por ciento de popularidad al final del período, por lo que, para garantizar la continuidad de su gestión, se metió de lleno en la carrera electoral haciendo de padrino protector de su “elegida”.

Este domingo 135,8 millones de brasileños están llamados a las urnas para elegir al nuevo presidente, a los gobernadores de los 27 estados del país y para renovar los legislativos nacionales y regionales, ante la mirada atenta de 151 observadores extranjeros procedentes de 36 países y tres organismos internacionales, entre los que se encuentran la Organización de Estados Americanos (OEA), Mercosur y Parlatino.

Dilma Rousseff, la “Dama de Hierro” de Brasil se apuntala como favorita para ser, como su antecesor, historia: convertirse en la primera mujer presidente de ese país. Pero serán los brasileños y no los sondeos quienes determinarán si ganará de forma absoluta o le tocará verse cara a cara con Serra en un balotaje que complicaría su camino hacia el Palacio de Planalto.
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