19 de junio de 2021, 20:55:13
Opinión


Kim Jong-un y el traspaso del poder hereditario en pleno siglo XXI

Hidehito Higashitani


Los analistas de la política norcoreana han acertado plenamente en sus pronósticos y efectivamente parece que Kim Jong-il, líder del régimen comunista de Corea del Norte, apremiado por su delicado estado de salud originado hace dos años por un derrame cerebral, tenía la urgente necesidad de nombrar su sucesor y acelerar el relevo.

Un día antes de la apertura del Congreso de representantes del Partido de los Trabajadores de Corea del Norte, que se celebró el 28 de septiembre en Pyongyang después de 44 años largos sin convocarse, se anunció oficial y públicamente el nombramiento de Kim Jong-un de unos 28 años de edad, el tercer hijo del dictador, como ‘general’ del ejército norcoreano. El nombramiento al propio hijo del dictador para un puesto de importancia en el ejército ha sido interpretado unánimemente por los analistas como un posible paso previo para allanar el camino hacia la sucesión del régimen comunista norcoreano. Es que bajo la política del programa songun –de ‘supremacía militar’ en todos los aspectos políticos y sociales del país - que el régimen de Kim Jong-il ha venido manteniendo y consolidando hasta ahora, el nombramiento significa claramente su intención de colocar al joven candidato en la cima de la cúpula del régimen comunista en un futuro muy cercano.

Y para facilitar la sucesión, Kim Jong-il también ha nombrado ‘generala’ a su hermana Kyong-hui, de 64 años, además de la designación en junio del marido de ésta Jang Song-thaek como vicepresidente de la Comisión Nacional de Defensa, puesto que sigue en importancia al del todo poderoso presidente que ocupa el propio Kim Jong-il. Se prevé que este cuñado del dictador se encargará de ejercer de regente en caso de que fallezca Kim Jong-il hasta que su joven sucesor esté preparado para tomar el poder.
De esta forma la estirpe Kim parece tener consolidada por ahora su privilegiada posición dentro del regimen comunista de Corea del Norte y asegura un futuro de continuidad para su ‘dinastía’.

Unos días más tarde el pueblo norcoreano –y también nosotros los extranjeros- pudimos conocer por primera vez ‘a lo vivo’ la fugura de este joven secesor por la fotografía aparecida en el Rodong Sinmun, diario oficial del partido único del país. Allí aparece sentado en la primera fila junto con los máximos dirigentes del país en la conferencia del partido celebrada el 29 de septiembre con su chaqueta de color obscuro de cuello alto y su peinado de pelo corto como los que solía llevar su abuelo Kim Il-sun, mitificado fundador de esta única dinastía comunista del mundo, allá por los años setenta.

De todos modos, en un país medio arruinado y herméticamente cerrado hacia el exterior con sus 24 millones de habitantes que sobreviven a duras penas sin conocer prácticamente nada de lo que pasa fuera de sus fronteras, se está llevando a cabo el traspaso del máximo poder del estado por vía hereditaria en pleno siglo XXI.
Un gran anacronismo es lo que estamos presenciando, desde luego. Además lo que va a heredar este ‘delfín’ no es poca cosa: el pueblo entero que vive malamente con sus cartillas de racionamiento con hambre, 1,2 millones de soldados que alimentar y que sostienen esa política de songun de supremacia militar, y, lo que es peor, las armas nucleares

No bajar la guardia ante este país con tan peculiares características para no permitirle que juguetee con sus peligrosas armas militares -como el caso del ataque a la corbeta surcoreana Cheonan en que muerieron 46 marinos surcoreanos- y evitar que se hunda en el caos por una supuesta lucha interna al poder… Todas estas cosas constituyen algunas de las asignaturas pendientes designadas con urgencia a los países vecinos más cercanos: Corea del Sur, Japón y su principal aliado China. Ojalá que no vuelva a producirse aquella pesadilla de la oleada de refugiados que inundó las fronteras con China ocasionada por la gran hambruna que azotó el país a mediados de los 90.
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