14 de octubre de 2019, 10:14:18
Opinion


Defensa de la vida para todos

Rafael Ortega


Esta semana hemos vivido la tragedia de la muerte de una madre, que en su vientre llevaba un niño, que logró sobrevivir unos días, tras una cesárea de urgencia realizada en el cuerpo de la mujer ya fallecida. Ha sido noticia en todos los medios. Ha sido “primera plana” y comentario en todos los ambientes. Una desgracia que se convirtió en una alegría primera con la salvación del niño, aunque más tarde ha muerto también.

Esta noticia nos debe hacer reflexionar a todos que nos hemos alegrado por el hecho y que sin embargo volvemos la cabeza cuando sabemos que hay millares de abortos al año -eso no es noticia-, y miles de píldoras abortivas que se venden en nuestras farmacias todos los fines de semana. Miles de niños a los que no se permite vivir, insisto asesinatos, y que son tirados a la basura del olvido por sus madres, en connivencia con toda la sociedad.

Hoy los hombres tenemos más que nunca la necesidad de Dios, porque, como decía el Papa en su reciente mensaje a los seminaristas “donde el hombre ya no percibe a Dios, la vida se queda vacía; todo es insuficiente”. Y es que es así. Si no creemos, si no tenemos Fe, si no sabemos defender los derechos humanos, la vida, desde el nacimiento hasta la muerte, estamos perdidos. Y esa pérdida es irreparable.

El nacimiento de un niño siempre es una gran noticia, como la sucedida el pasado domingo en la localidad madrileña de Collado Villalba, tras el trágico atropello de su madre. La lucha de los sanitarios por conservar la vida del niño ha sido ejemplar y ha sido lo han reflejado los medios y, como he dicho, todos nos hemos alegrado. Pero también me gustaría que nos asomaran las lágrimas ante el aborto y la eutanasia que se avecina. Unas lágrimas no de cocodrilo y de cara a la galería, sino de verdad.

La próxima visita del Papa a España, con las etapas de Santiago de Compostela y Barcelona, será de nuevo clave para poner las cosas en su sitio, sobre todo en Barcelona, donde al consagrar el Templo de la Sagrada Familia, aborde el tema de la familia como eje fundamental de nuestra vida, que parece que hemos olvidado o están tratando de hacer que olvidemos.

Hace unos días conversé con un programador de una importante cadena de televisión privada y le felicité por el tratamiento dado a la noticia de la madre fallecida y del nacimiento de su hijo, que hemos comentado. El directivo me dijo que ese hecho “había vendido mucho”. La respuesta de nuevo me dejó fuera de lugar y pensé que otra vez algo fallaba en esta sociedad nuestra, y le apunté “la necesidad de hablar del número de abortos en España”. Su contestación fue más clara todavía: “eso ni se contempla”

Así están las cosas.
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