21 de septiembre de 2021, 14:11:50
Opinión


Adios al zapaterismo

Regina Martínez Idarreta


No se engañen. Aunque siga apareciendo en las fotos, dando discursos y se le suponga el cerebro ejecutor de los últimos cambios en el Gobierno, Zapatero ya no está. Lo que vemos es un holograma del presidente iluminado que, por un momento, se creyó capaz de cambiar la izquierda española, la propia España y, de paso, el mundo, a fuerza de conjunciones planetarias. Por un momento, Zapatero se sintió invencible. Cual Akenaton, quiso cambiarlo todo, que a partir de él la historia empezara de cero. Quienes esperaban un dirigente maleable se dieron cuenta demasiado tarde de que tras la fachada de Bambi se escondía un maquiavélico visionario que podía no tener muy claras muchas cosas pero que sí había asumido la más importante: el carácter mesiánico de su misión.

Que a la vieja guardia del partido y, con ella, el grupo mediático más influyente de la izquierda española no les gusta lo que hago; pues montamos un grupo paralelo y me rodeo de esbirros de fe ciega. Que tratan de decirme que ese camino que he visto en sueños no es el adecuado para solucionar la crisis; pues me quito de encima a los moscones impertinentes. Que no basta con la convicción y las ganas para acabar con los problemas; tranquilos, el destino ya se encargará de darme la razón.

José Luis quiso volar alto. Ciegamente convencido de una capacidad de mando y visión de futuro propias de los grandes héroes, pretendió llegar tan lejos que, cual Ícaro, el sol, transmutado en realidad implacable, derritió la cera de sus alas y le dejó caer. Lo gracioso es que Zapatero lleva cayendo mucho tiempo pero no ha sido hasta que se ha golpeado contra el duro suelo cuando se ha dado cuenta de que hace demasiados meses que lo que él creía aleteos gráciles, no eran sino manotazos inútiles como los de una gallina.

El sueño acabó esta semana. Toda esa vieja guardia, la del felipismo, la que se había agazapado en las sombras de Ferraz durante los años de la utopía zapaterista, rehuyendo de las Bibianas, las pajines y los Moratinos, saltó sin piedad sobre las figuras moribundas de quienes hasta hace poco han regido el país. Sin argumentos ni apoyos, ahogados por las decepciones, los enemigos y las cifras del paro, el déficit y los malos pronósticos, Zapatero y los suyos han sido pasto fácil de Los Otros. Rubalcaba, el tigre con piel de lobo, encabeza una regeneración a la inversa de un nuevo viejo Gobierno en el que de los fieles de José Luis ya sólo quedan las pálidas sombras de las concesiones a la imagen pública del que ya es un cadáver político.
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