20 de septiembre de 2021, 13:22:00
Opinión


Pinceladas históricas para los políticos adanes

Lourdes López Nieto


Aunque los problemas económicos constituyen el primer problema de los españoles, los partidos y los políticos ocupan el segundo lugar. La consecuencia es el creciente desistimiento que se manifiesta en la opinión pública y en las tasas de abstención. Por ello, vale la pena recordar a los políticos actuales enseñanzas de la historia, cuando los partidos comienzan el reclutamiento para las próximas elecciones. Hace 200 años en Cádiz redactaban la Constitución de 1812 que introdujo de hecho una forma de limitación de mandatos, los alcaldes se mudarán todos los años, los regidores por mitad cada año. No obstante permitía el retorno posterior a ciertos cargos electivos, pasados por lo menos dos años, donde el vecindario lo permita. Hoy muchos parlamentarios y concejales son funcionarios, mientras que el citado texto establecía incompatibilidades para la elección de los empleados públicos. Además entre los requisitos para ser elegido se requería vecindad, larga residencia en la provincia y que tenga lo suficiente para mantenerse con decencia.

Rodríguez Zapatero ha suplido sus lagunas formativas y su inexperiencia para la gestión pública de forma diversa. ¿El resultado? Un pensamiento desordenado (como calificase el editor de este periódico, 31-08-2010) que se traduce en la persistencia en el error y en la resistencia a sacar determinadas conclusiones en función de ciertos comportamientos. Por si ello no fuese suficiente, hace gala de adanismo (hábito de comenzar una actividad cualquiera como si nadie la hubiera ejercitado anteriormente, DRAE), porque además ignora y desprecia la historia.

Su único bagaje era y es el de profesional de la política partidista. Ello explica que tras encaminar a su partido al precipicio, (para él el Estado y los españoles son secundarios), se haya visto obligado a atender las demandas de su organización política. Los cambios introducidos el día de la aprobación de los presupuestos en el gobierno y en el partido, así lo evidencian.

Pero ¿se trata de rasgos y comportamientos propios y exclusivos de Zapatero? Parece que la respuesta es negativa, tal como demuestran los argumentarios socialistas utilizados para fundamentar las profundas reformas emprendidas que han venido realizando. A modo de ejemplo, la Ley de la Función Pública de 1984 se fundamentó en la necesidad de sustituir una ley calificada como vieja. Hoy sabemos que dicha norma sentó las bases para establecer el ingente sector público español actual. Recientemente, Marchesi, hoy secretario general de la OEI y responsable del singular sistema educativo español, cuyo rendimiento es conocido por su fracaso, sostenía que el sistema tradicional de las oposiciones es un atraso (ABC, 1-10-2010). Días después el portavoz de ERC, socio de gobierno de los socialistas, afirmaba que el día de la Hispanidad es una cosa que ha quedado absolutamente anticuada.

Aunque los socialistas han utilizado con fruición los términos modernización e innovación como comodín para su quehacer político, Zapatero ha sido el paladín del adanismo. Como jefe de la oposición y sobre todo como presidente de gobierno, ha realizado afirmaciones y ha tomado decisiones singulares en todas las políticas y ámbitos de gobierno. Obviamente la solidez de dichos argumentos y prácticas políticas, así como el rechazo continuado implícito y explícito al papel de la historia (como en la Ley de Educación de 2006), son contradictorios con la puesta en marcha de la ley de memoria histórica. Es una vieja iniciativa de formaciones situadas a la izquierda del PSOE, rechazada por los gobiernos socialistas anteriores, porque suponía la ruptura con los fundamentos del sistema político. Como se preveía, su aplicación se sustenta en interpretaciones y prácticas con escaso rigor histórico.

Para concluir, recurrimos de nuevo a la Pepa ante la singular remodelación de gobierno, de la estructura de la Administración y en consecuencia de las Cortes. Establecía que los secretarios de Estado (que debían ser siete) formarán los presupuestos anuales de los gastos de la Administración pública que se estime deban hacerse por su respectivo ramo y rendirán cuentas de los que se hubieren hecho (artículo 227). El día que el Congreso aprobaba la ley anual más importante, el Presidente decide cambiar la mitad de los ministros (antes secretarios de Estado). Estos se van sin rendir cuentas de lo gastado y los nuevos asumen lo presupuestado por sus predecesores. Además decide reubicar a la ex Vicepresidente primera como miembra del Consejo de Estado y rebaja a dos ministras a secretarias de Estado el día de su cese, nuevo ejemplo de adanismo presidencial. El resultado es el debilitamiento de facto del papel de las Cortes y del sistema parlamentario, con la complicidad de hecho de los demás políticos. ¿Hasta cuando este escenario? Los ciudadanos tienen la palabra, es decir el voto muy pronto.
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