18 de septiembre de 2021, 10:34:18
Opinión


Sin novedad en el frente

Alejandro Muñoz-Alonso


Apenas unas horas después de haber asegurado que sólo cambiaría al ministro de Trabajo, Zapatero sorprendió a todo el mundo haciendo una remodelación algo más amplia de su Gobierno. La operación de imagen o mediática estaba así conseguida que, al fin y al cabo, es lo que le interesa a este hombre que, en sus propias palabras, tiene como lema “la foto es lo importante”. Páginas y más páginas y minutos y más minutos de los diversos medios y de las agobiantes tertulias han aderezado la presidencial decisión, haciendo cábalas y sesudos (!) análisis acerca del significado del cambio y llegando a conclusiones que, francamente, ni entiendo ni me siento capaz de compartir. ¿La vuelta del felipismo? Pero, ¿es que se había marchado? La “eminencia gris” de La Moncloa, José Enrique Serrano, ya estaba allí en la última etapa de Felipe González y el “hombre fuerte” de la combinación, el inefable Rubalcaba, viene también de aquellos gobiernos que se cubrieron, no precisamente de gloria, en aquellos tiempos del GAL, de la corrupción institucionalizada y del entierro de Montesquieu. Se ha llegado a decir que este Gobierno es mejor que el anterior y, sinceramente, no acierto a adivinar con que “gobernómetro” han medido la calidad de uno y otro. A mí me parecen dos conjuntos no ya similares sino casi idénticos o, por decirlo con la máxima claridad, tan malo el uno como el otro. Quítenme una Aído y pónganme una Pajín y, francamente, el resultado acaba siendo el mismo. Desde aquí y desde otras sedes yo he criticado mucho a Moratinos pero, desde luego, no acierto ver ninguna mejoría en su distinguida sucesora, tanto por el lado de las competencias profesionales como políticamente, dado que obtiene algunos de sus cargos, según todas las evidencias, como compensación de derrotas electorales.

Además, el sistema español tiene una fuerte coloración presidencial, que le asemeja al sistema cancilleral germánico: Los ministros son piezas intercambiables, peones de los que el Presidente dispone libremente y con los que juega a su antojo, sobre todo en los casos de gobiernos de un solo partido, como es el nuestro. Pensar que Zapatero ha arrojado la toalla y ha dado todo el poder al nuevo vicepresidente primero es no conocer al personaje ni a la trayectoria de este “maquiavelo de León”, que, a falta de otras muchas cosas, tiene un reconocido instinto de poder y una evidente capacidad para utilizar personas, medios y recursos al servicio de sus personales fines e intereses. Ciertamente, lo más significativo de este cambio de Gobierno es el “ascenso” de Rubalcaba que, según se dice, produce miedo y hasta “tembleque en las piernas” no sólo a extraños sino también a propios. No será para tanto. Este ya bien auditado maestro del engaño, la trapacería y el juego sucio es, sin ninguna duda, capaz de los más increíbles e imprevisibles desafueros: Del ya citado GAL al más reciente “caso Faisán”, su palmarés es sobradamente conocido. Pero no es omnipotente y, como a cualquiera, se le puede aplicar aquello de “tanto va el cántaro a la fuente…”

Es verdad que, como vicepresidente, acumula ahora más poderes que en ningún otro momento de su trayectoria, pero ¿qué más puede hacer el hombre que, sin ser ministro, desde la oposición, montó aquella “magistral” operación de agit-prop que se desarrolló en los días inmediatamente anteriores a las elecciones del 14 de marzo de 2004? Su descarada utilización de la jornada de reflexión, con su salida en TVE y el bien montado acoso de las sedes del PP, fueron la culminación de una carrera en el uso de estas técnicas que, con tanto éxito, fueron ensayadas por Lenin y Stalin en aquellos “diez días que conmovieron al mundo”, según el clásico libro de John Reed, que presenciaron la toma del Palacio de Invierno y la disolución de la Asamblea Constituyente. Así lo vio, a los pocos días de aquel 14 de marzo, un experto en estas cuestiones, Antonio Negri, el ideólogo de las italianas Brigadas Rojas, en visita a Madrid y en una entrevista que concedió a un diario madrileño. Tendremos otras operaciones de agit-prop en el futuro: Más exactamente no hemos dejado de tenerlas y ya aprovechó su primera rueda de prensa como portavoz del Gobierno –un cargo que ya tuvo con González- para lanzar sus sucias andanadas contra el PP. Eso sí que va en su código genético. Que aquí se rasga todo el mundo las vestiduras por las groserías de unos, pero nadie se altera por las mentirosas descalificaciones de los otros ni por los chistes supuestamente graciosos de gentes como Blanco.

Este Gobierno no ha hecho otra cosa en seis años y medio que montar una guerra de exterminio contra el PP, con el fin de sacarlo del sistema. Pero lo van a tener difícil porque esta democracia nuestra, tan defectuosa, no está tan inmuno-deprimida, como ellos piensan y no acepta sus ensueños de partido único o hegemónico, que esa es su idea de la democracia. Ciertamente, nadie sabe hacer mejor que ellos la oposición a muerte a la oposición. No tienen otra política. Ese empeño es ahora más desesperado y desvergonzado que nunca, a la vista de las encuestas. Provocar el vuelco es la consigna y Rubalcaba se ha puesto a la cabeza de la operación. Como antes, como siempre. Por lo tanto, sin novedad en el frente. Si la palanca para provocar el vuelco ya no puede ser una recuperación económica que se les ha ido de las manos, habrá que intentar llevar a buen puerto “la resolución del conflicto” con ETA, un acariciado objetivo que nunca se abandonó del todo. El caso es sacar algún conejo de la chistera y engañar de nuevo al españolito medio. En cualquier caso, el recetario de las técnicas de agit-prop es pródigo en sugerencias y carecen de escrúpulos para sacar provecho de ellas. Lo vamos a ver.
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