22 de septiembre de 2021, 1:33:39
Opinión


Sobre educación y adoctrinamiento

Enrique Aguilar


Acerca de la educación universitaria, tema recurrente en estas columnas, quiero compartir con el lector unas reflexiones pertenecientes al ensayo titulado “Civilización”, que el pensador inglés John Stuart Mill publicara en abril de 1836. Como suele ocurrir con los aportes de los clásicos, estas reflexiones trascienden (a mi entender holgadamente) su contexto inmediato toda vez que reflejan una preocupación universal, tan válida hoy como entonces (o quizá todavía más), que me parece por eso mismo interesante referir.

Se trata puntualmente de la página donde se plantean las dificultades que debe sortear la educación superior, empezando por la erradicación de la idea según la cual su objeto no sería preparar al estudiante para juzgar por sí lo que es verdadero o correcto, sino hacerle creer que sólo es verdadero lo que sus profesores sostienen que lo es. En otros términos, la idea que no asimila la educación a la formación de seres pensantes, capaces de plantearse interrogantes que puedan aun conducirlos a conclusiones opuestas a las de sus maestros, sino a la pretensión de “inculcar nuestras opiniones” (que conforman siempre “un conjunto particular” de opiniones) a potenciales discípulos que terminan por adoptarlas. Un tipo de educación esta última que John Locke ya había denunciado bajo la fórmula de “principling the pupils”, que en buen romance podríamos traducir como adoctrinamiento.

La distancia que media entre la realidad de nuestros sistemas educativos y el ideal que postula Mill parece sin duda insondable. Sin embargo, tengo para mí que los ideales, por alejados que se nos revelen, sirven de puntos de orientación: un norte hacia el cual podemos enderezar nuestras acciones, gradualmente, atendiendo a las condiciones de posibilidad, pero sin desviar necesariamente por ello nuestra mirada. En este sentido, un cambio en un ámbito tan decisivo como éste debería estar guiado por un modelo que consideremos cualitativamente mejor. En lo personal, el modelo al que aspiro es tributario, entre otros, del que propiciaba Mill en punto especialmente a la necesidad de asociar la educación a la reflexión personal y al arte tan gratificante de estimularla.
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