28 de septiembre de 2021, 0:10:07
Deportes

50 cumpleaños del astro


El Vesubio y Nápoles vuelven a rugir por su Dios Maradona


La estrella argentina cumple 50 años y para festejarlo, la hinchada del club que le sirvió como trampolín hacia la gloria definitiva le recuerda su amor incondicional llenando las calles de color azul y con imágenes de Diego Armando. La mística conexión entre el futbolista y la afición napolitana provocó los primeros títulos de la sociedad deportiva, la colocación en el mapa balompédico de la ciudad italiana y la salida de la oscuridad de Nápoles, que vivía a la sombra de los vecinos norteños de manera irrenunciable.


La buena relación entre un jugador de fútbol y su hinchada coyuntural está sujeta a resultados deportivos, a su identificación con la idiosincrasia del club, al carácter del deportista en el terreno de juego y a su capacidad para desestabilizar a los rivales directos. Los futbolistas viajan a través de estas variantes a lo largo de su trayectoria deportiva, para alcanzar por fin un club donde se sientan importantes, respetados por la masa social y apoyado por la entidad. En el caso que nos atañe, la relación entre Diego Armando Maradona y la Sociedad Deportiva Nápoles, dichos condicionantes se convirtieron en puntos de refuerzo para construir una relación de amor sincero, desbordante y mutuo entre el jugador argentino y el club italiano.

La locura desatada en la capital de la provincia italiana de Campania con el 50 cumpleaños de Maradona -30 de octubre de 1960- solo se comprende en el marco de la admiración y el enamoramiento que el argentino y el club partenopeo gozan desde el año 1984. En aquel verano, Diego llegó al Nápoles para construir un imperio futbolístico con un equipo recién ascendido. La expectación en la tercera ciudad más importante de Italia se desbordo y “el Pelusa” sintió la devoción de la ciudad de la pizza desde que bajó del avión y fue presentado en el estadio San Paolo (que se llenó en pleno mes de julio).

La importancia que cobró Maradona para la vida de los napolitanos está fundamentada en varios factores que provocan que la relación entre el jugador y su hinchada sobrepase la simple admiración. En primer lugar, Nápoles arrastraba en la década de los 80 las graves consecuencias del devastador terremoto que asoló la región con 2700 muertos (6,7 en la escala Richter). Además, la escasez de recursos económicos de una parte considerable de su población se mezcló con la guerra civil en la Camorra –llegó a matar a 264 personas en 1982- para completar un panorama desolador. Nápoles perdía la batalla diaria en el imaginario colectivo del país transalpino con sus vecinos ricos del norte y, a pesar de ser la tercera ciudad más grande del país, la imagen decrépita golpeó aún más a la región campana.

Diego encarnó rápidamente los valores napolitanos y el gran público se identificó con el argentino ya que también era de origen muy humilde y siempre se ha mostrado orgulloso de sus raíces. Extrovertido, teatral, noble, amigo de los placeres de la vida y capaz de hechizar con un gesto y una palabra a los demás, Maradona fue elegido por Nápoles como el perfecto napolitano que podía sacar a la ciudad del pozo en el que estaba naufragando. El insondable cariño que el argentino recibió desde su llegada pronto se tradujo en exhibiciones dentro del terreno de juego. La parroquia napolitana enloquecía de amor ante su nuevo Masaniello –revolucionario popular napolitano-. Mientras Maradona se construía su cetro de rey del balompié, la ciudad partenopea se rendía a sus pies en una total devoción que sobrepasaba los límites del deporte.


El “Pibe de oro” se convirtió en el icono de Nápoles. Superó su ámbito de actuación –el fútbol- y fue elevado a los altares de una sociedad que necesitaba un ídolo para superar los problemas e injusticias. Por ello cada casa de la ciudad enarboló una imagen del Diego a través de las ventanas, proyectó hacia la calle alguna prenda, pañuelo o tela de color azul, mostrando, casi de manera ritual, su adoración por el nuevo mesías. El 10 pasó a formar parte de la cultura napolitana. La ciudadanía le incorporó a las tradiciones, canciones, poesías y ritos del folclore napolitano. San Gennaro tuvo que compartir las plegarias de la gente con el Dios del fútbol –se elevaron altares populares a Maradona en las calles de la ciudad-.

La victoria en el Scudetto de 1987 rompió la tendencia negativa que la ciudad arrastraba ya que supuso la primera liga italiana que ganaba un club del sur en la historia. Maradona llegó a Nápoles para poner en cuestión la supremacía del norte, y este punto enloqueció a su entregada afición. Mientras Diego divertía en los entrenamientos, derrotaba al gran Milán de Sacchi una y otra vez y conquistaba otro Scudetto (1990) y la Uefa (1989), la ciudad de Nápoles salía del hoyo apoyándose en el balompié. El punto de inflexión que supuso la gloria y alegría que Maradona desencadenó entre la ciudadanía provocó el paro absoluto de la ciudad cuando había fútbol en San Paolo. Más de 60.000 gargantas cantaban a su héroe dentro del estadio, pero el millón de personas censadas jaleaban al equipo desde cualquier punto de la provincia.

La terapia futbolística encarnada en Maradona sirvió para que la población napolitana viera la luz y la ciudad adquiriese más peso en el conjunto del país italiano, que miró hacia otro lado durante demasiado tiempo. Su carácter agradable y la conciencia de su origen humilde provocó que Diego acudiera sin problemas a reuniones de aficionados o a comer una pizza a cualquier restaurante del centro de la ciudad. La naturalidad con la que afrontó la presión de ser el eje de desarrollo de toda una ciudad caló en el corazón del pueblo napolitano de manera irrefrenable.

La ciudad se engalana en el 50 cumpleaños del Dios de la pelota. Nápoles cuenta todavía con el sabor a Maradona en sus calles, en las paredes de los edificios, en las capillas populares de las callejuelas céntricas. Incluso en la jerga napolitana tiene su sitio el jugador argentino. Toda la ciudad le ha jurado amor eterno e incondicional al “Pelusa”. El presidente del club, Aurelio De Laurentis, puso a disposición el estadio San Paolo para que celebrase su cumpleaños. Y es que en la castigada hinchada napolitana valdría que Diego acudiera al palco del estadio para conseguir un lleno absoluto. Napoles siempre esperará la vuelta de Maradona como la vuelta de un hijo pródigo. Todavía hoy se escuchan en sus calles destartaladas cánticos del pasado más glorioso de la ciudad:

“Oh mamma, mamma, mamma, sai perché mi batte il corazon, ho visto Maradona, ho visto Maradona, oh, mamma, innamorato son” (“oh mamá, ¿sabes por qué me late el corazón? He visto a Maradona y me he enamorado”)
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