12 de noviembre de 2019, 2:03:56
Opinion


Los problemas de Tayikistán afectan a la OTAN y los EEUU

Izabela Barlinska


Hace varias semanas en Tayikistán tuvieron lugar los más duros enfrentamientos entre las tropas del estado y los radicales islamitas desde la guerra civil 1992-1997. Fueron iniciados por el comandante de campaña durante la guerra, Mullo Abdullo, que nunca había rendido sus armas. El antiguo mulae, que ha vuelto a Tayikistán después de ocho años de lucha junto con los talibanes en Afganistán, encabeza unos 100 guerrilleros islamitas y una decena de prisioneros que habían escapado de la cárcel de la capital, Dushanbe.

El conflicto supone un gran peligro para la estabilidad del gobierno del Presidente Rajmonov, que intenta recuperar control en las zonas de la oposición durante la guerra civil, por donde ahora transitan las drogas desde el vecino Afganistán hacia Rusia y Europa, y que se convertido en un escondite de los guerrilleros islamitas.

Tanto Tayikistán como su vecino Kirguistán son muy importantes en la estrategia de los Estados Unidos y la OTAN en Afganistán. Constituyen una zona de retaguardia, y proporcionan una base logística y una ruta de transito para las fuerzas de la OTAN estacionadas en Afganistán. A largo plazo, con la esperada retirada de las tropas de la OTAN de Afganistán, ambos países formarán un bastión fronterizo desde el cual se desarrollarían acciones militares contra los talibanes. En este contexto, se han planificado ya centros americanos de formación militar así como un centro de lucha antiterrorista de la OTAN.

No sorprende, por tanto, que la preocupación sobre el conflicto y sus consecuencias, que no deja muchas esperanzas para la estabilidad y el progreso del país, se extienda más allá de las fronteras de Tayikistán.
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