18 de noviembre de 2019, 17:42:39
Opinion


Granito a granito

Mariana Urquijo Reguera


Hay varios lugares comunes en nuestra cultura sobre, justamente, qué sea la cultura, qué papel tiene la educación y en fin, como es que se da ese proceso tan complejo, arduo y largo por el que, día a día, año tras año, siglo tras siglo, los seres humanos hemos ido inventando, creando y descubriendo. Se suele decir que la cultura es la acumulación de todo eso, de forma que cada persona, cada generación, gracias a la memoria social y personal, no tiene que comenzar de nuevo, no tiene que volver al principio y descubrir el fuego, la rueda, la luz etc etc etc.

Ahora bien, ese milagro de la cultura no es sólo producto de la memoria sino de la transmisión, una y otra vez, granito a granito, de persona a persona y de generación en generación, de ese conjunto ingente de conocimientos y habilidades que forman parte de nuestra forma de ser y de vivir. Se suele decir, que toda esa acumulación es la que nos ha permitido mejorar a lo largo de la historia, lo cual parece que se refleja en nuestros logros políticos y civiles.

La cuestión está en que las condiciones de posibilidad de esta montaña sin embargo no están solamente en el conocimiento en sí sino en su transmisión. Cuando imaginamos todo lo aprendido, cuando evocamos una idea de progreso de la humanidad, solemos irnos a imágenes políticas, de conquistas civiles con grandes costos de sangre y de vidas. Al representarnos por ejemplo por el proyecto Enciclopedista de la Ilustración unido al progreso de las democracias europeas y de los Derechos y libertades de los ciudadanos, se nos iluminan los ojos, se nos eleva el espíritu y se nos hincha el corazón de gozo al ver lo alto a lo que puede llegar y aspirar el ser humano cuando, precisamente, usa y pone en juego lo aprendido para forman naciones más excelsas y libres.
Pero ese ser humano que mira al horizonte satisfecho de sí no es sino un producto del trabajo conjunto de muchos seres humanos que antes que él se ocuparon de preservar, fomentar y transmitir esos conocimientos y habilidades que nos permiten cambiar y superar nuestras miserias y dificultades.

Esos que una y otra vez trabajan por preservar y transmitir la cultura no son sin embargo los políticos sino los educadores, transmisores y movilizadores de conocimientos, son todos aquellos que de una u otra manera educan, provocan que el otro aprenda lo que socialmente se ha generado y que aprendan a aprender. Padres, madres, profesores, gente anónima por la calle… todos los que durante milenios se han dedicado en algún momento de su vida a educar a alguien forman parte del que quizá sea el proyecto humano más costoso y complejo de nuestra historia sapiens.
No es el progreso de las libertades, ni el progreso político el que más trabajo acumulado ha supuesto a nuestra especie. Es la educación la que involucra desde que el hombre es hombre, granito a granito, los mayores esfuerzos de la humanidad. No sin una autocrítica, no sin una constante reflexión sobre el cómo y el qué, la educación es el primer proyecto social humano.

Al pensar en esta montaña de esfuerzo y trabajo, de reflexión y crítica, bien podríamos imaginarla como un castillo celestial, eso sí, imperfecto y siempre por terminar, como una catedral gótica destinada al culto de los propios seres humanos del futuro: aquellos que un día transvaloren las jerarquías actuales y pongan al ser humano, al otro y a uno mismo en el centro de sus vidas y de sus intereses, suplantando el egoísmo por un cooperativismo como el que posibilita la educación, dejando de anteponer los billetes por los libros y las empresas por las escuelas.

En tiempos de crisis de valores, del sistema, de la economía y de todo, este proyecto conjunto de tantas generaciones, de tantas personas y de tantos esfuerzos es quizá lo único ilusionante que queda en el horizonte: verse unidos a los demás, de ayer, de hoy y de mañana, en un proyecto que no tiene fin (en todas sus acepciones), pero que si tiene sentido y da sentido a millones de vidas: los que dan y los que toman en esta correa de transmisión orgánica que es la educación.
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