23 de agosto de 2019, 15:11:10
Opinion


Tres cosas hay en la vida: salud, dinero y valor

José María Zavala


Los centros sanitarios andaluces pretenden implantar progresivamente un sistema de “información” con el cual dar cuenta a los pacientes del coste de sus dolencias. Es cierto que se abusa de la receta de medicamentos en la rutina sanitaria española. Se aprecia cierto modelo de “recetar para despachar” promovido por los miserables cinco minutos de los que disponen los médicos para cada paciente. Pero de eso no tienen culpa ni pacientes ni doctores por completo.

Si la cuestión de fondo es que las desgracias en materia de salud le cuestan mucho dinero al erario público, quizás las consejerías de sanidad podrían interesarse en promover la prevención y los hábitos saludables. Pero ello quizás supondría alterar el ritmo económico actual. Practicar deporte no debe dar tanto dinero como la venta de televisores planos con efecto 3D –alguien debería explicarle a la gente que fuera de casa, todo es en tres dimensiones–, y a las grandes corporaciones de la “alimentación” no les interesa en absoluto que la comida libre de aditivos y grasas saturadas pase a tener un papel relevante en nuestras dietas. A los fabricantes de automóviles no les conviene un interés público por mantener el aire limpio, y menos aún, por la venta del viejo modelo del “Coche de San Fernando”.

No me extrañaría que alguien pensase en crear índices para saber si a un estado le conviene promover la salud, teniendo en cuenta que lo que se ahorraría en gastos sanitarios podría no compensar el descenso en la recaudación de impuestos a través de esos grandes vicios como lo son el alcohol, el tabaco y la gasolina, a lo que se uniría el aumento de la esperanza de vida, con el correspondiente alargamiento de la manutención de esos “parásitos sin valor” que son los jubilados. De hecho a mi se me acaba de ocurrir la idea.

Si en cambio todo este sistema de información persigue, como aseguran, de que el ciudadano sea consciente de ese bien tan preciado que es la salud pública, no tengo tiempo ni ganas de enumerar todos aquellos bienes y servicios que se pagan con el esfuerzo, no de todos, sino de quienes pagamos impuestos.

Para empezar, que le pasen la factura al Consejo Interterritorial (interesado en extender esta medida a todas las comunidades) detallándoles el coste de todo el papel que se va a malgastar en esta chorrada. Y a ser posible, no en euros, sino en árboles por año.

Que le pasen factura a los políticos de todo aquello que gastan, incluyendo su preciada saliva, en el desempeño de su encomiable tarea pública: móviles, viajes, dietas, coches oficiales, etc. Que emitan también factura de las comisiones que protagonizan los actos de corrupción. Tan sólo con ánimo de cuadrar las cuentas, por puro interés estadístico. No aspiro con ello a erradicar las buenas costumbres y tradiciones de una importante parte de los responsables públicos españoles.

Que le pasen factura a los conductores por cada kilómetro recorrido y a los viajeros del AVE por cada túnel atravesado. Que pongan carteles en cada farola indicando lo que nos cuesta un minuto de su luz (mejor si es en términos de emisiones de CO2). Que nos digan cuántos coches cabrían en la superficie de cada parque público si fuera eso lo que se aparcase en vez de nuestros miserables culos ávidos de servicios gratuitos. Que nos echen en cara lo que podría recaudar un centro comercial instalado en el malgastado espacio usurpado por una biblioteca.

Y en cada privatización de lo público, que les pasen factura a los grandes inversores, esos magos transformadores de los recursos libres en beneficios personales. Claro que... no se puede emitir una factura con aquello que no se puede medir en dinero. Y a Usted, que ha tenido el valor de leer hasta el final, le ruego que me envíe la cuenta correspondiente por el tiempo perdido.
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