13 de diciembre de 2019, 7:24:22
Opinion


EL PAPA NO CITA A ZAPATERO

Luis María ANSON


Con la sutileza de dos mil años de diplomacia, Su Santidad el Papa ha respondido al desplante de Zapatero, no citándole al dar las gracias públicamente por las atenciones recibidas durante su visita a España, que cosechó un gran éxito popular.
Zapatero, para no recibir al Sumo Pontífice al pie del avión, como era su obligación, se inventó un viaje a Afganistán. La puerilidad de su gesto ha merecido reprobación incluso entre sus adictos y colaboradores cercanos. El Papa es el Jefe de Estado del Vaticano y la cabeza de una religión abrumadoramente mayoritaria en España. Desde el laicismo más profundo, desde el ateísmo más radical, un presidente del Gobierno serio y responsable debió estar en Santiago para dar la bienvenida al Papa. Zapatero prefirió el desplante, prefirió el aspaviento de muchacho provocador de preuniversitario. Se quedó un día sentado ante el desfile de la bandera estadounidense y se ha puesto un chaleco antibalas para justificar lo injustificable.
Y, claro, el Papa, sabiamente, ha dado las gracias al pueblo español, a los Reyes, a los Príncipes, a los cardenales y obispos, al presidente de la Generalidad y a otras autoridades. Y ha silenciado a Rodríguez Zapatero, que pretendió cumplir con un encuentro a última hora, después de financiar opíparamente a algunos grupos para que se manifestaran contra Benedicto XVI, con el fin de mantener “la tensión militante a favor de la libertad de conciencia”.
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