22 de septiembre de 2019, 10:10:38
Opinion


DON FELIPE, DOÑA LETIZIA, SERIES Y LIBROS

Luis María ANSON


Hace unas semanas, Luis María Anson publicó en el diario El Mundo el artículo que por su interés reproducimos a continuación:
“Es muy fácil descalificar el trabajo ajeno, tirar piedras contra el tejado vecino sin advertir las goteras del propio. Seguro que la miniserie Felipe y Letizia, deber y querer tiene defectos. Pero, si se colocan en una báscula los aciertos y los errores, el balance resulta claramente positivo. Joaquín Oristrell ha hecho un excelente trabajo. Ha llevado a la pequeña pantalla el más vidrioso pasaje personal de nuestra reciente historia y lo ha hecho con independencia, sin edulcoraciones, esforzándose en la objetividad y el reconocimiento de lo sucedido. Tampoco entiendo la acritud con que se ha juzgado la interpretación de las personas reales. Era un ejercicio de circo. Dificilísimo. Puigcorbé, destacado, y también Marisa Paredes y Fernando Gil salen airosos del trance. Amaia Salamanca, sobresaliente. No sólo no me he rasgado las vestiduras ante la miniserie sino que me complazco en elogiarla porque me ha parecido constructiva, ajena a los rencores, a las manipulaciones y al sectarismo.
Y digo todo esto para subrayar la calidad de un libro, recién aparecido, en el que los lectores encontrarán una historia desapasionada y rigurosa de los Príncipes Felipe y Letizia. Sus autores, Carmen Enríquez y Emilio Oliva, publicaron el mejor libro que se ha escrito sobre la Reina Doña Sofía. Ahora retoman el incierto tema de la realeza para construir una obra en la que se plantean todas las cuestiones que cercan y acosan a los Príncipes de Asturias, desde las relaciones familiares a los problemas constitucionales de la sucesión.
En Los Príncipes, preparados para reinar, Carmen Enríquez y Emilio Oliva no han tenido en cuenta que Don Felipe y Doña Letizia estarán ya muy preparados para reinar pero les queda mucho tiempo para seguir aprendiendo porque el Rey está fuerte y sano y de su experiencia y moderación se derivarán todavía muchos beneficios para los españoles. No estoy de acuerdo con los espoleos para la abdicación. Los autores del libro recogen una vieja declaración mía: “El Rey debe abdicar, sí. Cuando cumpla 100 años”.
Lejos de cualquier sombra de cortesanismo, Carmen Enríquez y Emilio Oliva subrayan los defectos de Doña Letizia y los de Don Felipe. Analizan su forma de trabajar, los problemas de su imagen pública, su responsabilidad como padres, las relaciones con el resto de la Familia Real, las aficiones comunes, la situación de la Monarquía en España, en Europa, en el mundo…
Hace veinte años le planteé la cuestión más espinosa a persona ya fallecida y que tenía autoridad para intervenir. Al Rey y al Príncipe se les puede y se les debe elogiar en los medios de comunicación cuando aciertan, criticar si se equivocan, denunciar si cometen abusos. Pero en los telediarios y en los programas de debate político. No en los formatos del corazón. El mismísimo Churchill –le dije a mi interlocutor- no hubiera resistido un año de estar en boca de los programas rosa al nivel de los personajillos de la café society. No me hizo caso mi interlocutor, que reaccionó con desdén. Sólo José Antonio Sánchez, cuando se convirtió en Director General de Televisión Española, se dio cuenta del desgaste que semejante envite suponía para las personas reales y decidió situarlas en el lugar adecuado: los telediarios. Hace quince años hubiera bastado con plantear las cosas a los presidentes de los canales de televisión para encauzar el asunto dentro del más escrupuloso respeto a la libertad de expresión. Ahora es tarde y el zarandeo diario que sacude a los Reyes, a los Príncipes y a las Infantas, instalados junto a Belén Esteban, la Pantoja, Jesulín de Ubrique, Paquirrín o la Campanario oscurece los horizontes futuros. Algún día contaré de pe a pa la conversación que mantuve con aquella autoridad, ilustre y sagaz en muchos sentidos, pero que carecía de la menor idea del alcance de los medios de comunicación.
Entre tantos despropósitos, me parece estimulante la seriedad, el rigor, la ecuanimidad con que Carmen Enríquez y Emilio Oliva han investigado las vidas de Felipe de Borbón y de Letizia Ortiz para publicar un libro imprescindible que permite al lector recorrer el camino de la verdad personal e histórica”.
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