15 de diciembre de 2019, 12:43:22
Opinion


Buenas noticias desde Birmania



Hace casi 20 años, la líder opositora birmana Aung San Suu Kyi no pudo dar el discurso de agradecimiento por su premio Nobel de la Paz debido a las continuas detenciones a las que se veía sometida por parte del gobierno de su país. Ahora quizás pueda quitarse esa espinita ya que la Junta militar birmana haya decidido concederle la libertad, después de que haya pasado más de 15 años de los últimos 21 bajo arresto domiciliario. Está por ver cuál es la actitud de la junta militar de ahora en adelante. Tristemente, se antoja ingenuo interpretar su liberación como un gesto de apertura en un régimen que ha hecho de la brutalidad y la imposición su seña de identidad.

La visión de miles de estudiantes aplastados literal y metafóricamente por los tanques del ejército birmano fue el revulsivo que impulsó a Suu Kyi en 1988 a prometerse que no cejaría hasta conseguir que la democracia llegara a su país. Lamentablemente, los militares siguen manejando el país asiático con mano de hierro, aplastando violentamente cualquier intento de oposición.

Resulta esperanzador, a pesar de todo, que el pueblo birmano haya recibido con alegría la liberación de Suu Kyi. Que los intentos de la junta militar que gobierna Myanmar por difamarla y presentarla como una criminal y una traidora por casarse con un extranjero hayan caído en saco roto. Al contrario, su arresto domiciliario la ha convertido en un mito, en un ejemplo de la capacidad de sacrificio y de responsabilidad que puede inspirar a millones de personas. Los birmanos no han olvidado a la activista pro democrática ni lo que representa: el ansia de libertad, de democracia y de paz frente a un régimen dictatorial y brutal empeñado en no escuchar a su pueblo.
El Imparcial.  Todos los derechos reservados.  ®2019   |  www.elimparcial.es