22 de agosto de 2019, 15:42:42
Opinion


Pequeño comercio, gran estafa

José María Zavala


Dos nuevos modelos de comercio se extienden rápidamente por la península, ambos gestionados por ciudadanos de origen chino: por un lado, pequeñas tiendas de “alimentación” llenas de snacks, comida enlatada y precocinada, en ocasiones también algo de fruta y verdura, pan, leche... Suelen abrir hasta las once o doce de la noche y en los casos más tristes rezuman un aire lúgubre y descorazonador, el favorecido por un tendero o tendera que no siempre controla el idioma local y que mira con distracción una pantalla.

Por otro lado están los bazares que ofrecen todo tipo de artículos, los antiguos “todo a cien” en los que se puede encontrar desde un alfiler hasta un vestido regional. Los dos casos se caracterizan por su cercanía y por ofrecer una solución rápida en situaciones de emergencia: que no hay nada de cena, que se le acaban las pilas al mando, que no tenemos mostaza, que se me ha roto un botón...

¿Por qué la proliferación de estos modelos de comercio es negativa? Lo más importante de todo es que no tiene que ver con la nacionalidad de quienes lo promueven. La misma situación, especialmente en el segundo caso, podría ser y es generada por ciudadanos de otras nacionalidades y etnias. El famoso bulo de que los chinos “no pagan impuestos” ? que legalmente sería una atrocidad incompatible con la igualdad que se nos supone ? parece provenir de un acuerdo para evitar la doble fiscalización (en China y en España) y que se aplica igualmente a los ciudadanos españoles que gestionan negocios en el país asiático. Aun así, habría que preguntarse qué ventajas reales supone eso para los españoles, teniendo en cuenta las diferencias en el volumen de negocio en uno y otro lugar, además de los problemas de evasión fiscal que se dejan sospechar.

Un problema más importante sería el de la competencia. Nos hemos acostumbrado a la inmediatez y la disposición de los demás frente a la previsión. Esto otorga ventajas comparativas a quienes abren ? y por lo tanto, trabajan ? hasta más tarde, logrando más oportunidades de fidelización de la clientela. El resto de los negocios se ven obligados a hacer lo mismo o cerrar. Soy testigo también de cierto grado de picardía practicada por nuestros amigos asiáticos, que en ocasiones incluyen entre su repertorio artículos promocionales (destinados a ser regalados en combinación con otros) o cuya venta no está permitida por separado sino en packs.

Las pequeñas tiendas de alimentación no son, ni mucho menos, la causa de la industrialización alimentaria. Sin embargo, tampoco aportan mucho para combatirla: suponen un arsenal de comida precocinada, además de alentar a la improvisación culinaria con sus generosos horarios.

Los bazares chinos (“los antiguos todo a cien”) son una de las máximas exposiciones de la procrastinación. Está clarísimo que el bajo precio al que ofertan sus productos se debe a unas carencias en los niveles de calidad que a veces pueden llegar a ser incluso peligrosas. Pero a la gente parece darle igual pagar por algo de peor calidad ? y que efectivamente se rompe en un plazo de tiempo que parece estudiado ? si puede adquirirlo por menos dinero y empleando menos tiempo en el proceso de compra.

Otro punto importante es el de la sostenibilidad. Ese olor a plástico que impregna nuestras narices no proviene de nuestra imaginación: los pequeños bazares se nutren de artículos importados, cómo no, de China, un país empeñado en solucionar todos nuestros problemas a base de petróleo solidificado. Es más, transportar todos estos “indispensables” bienes desde otro continente no le sale gratis al equilibrio ecológico de nuestro planeta. En cuanto a las tiendas de alimentación, el abuso de embalajes desechables es más que evidente.

No negaré que a veces la expansión de estos formatos parece tener algo positivo: un resurgimiento del pequeño comercio en detrimento de los grandes supermercados. Pero no nos engañemos, habría que conocer los esquemas reales de propiedad a los que obedecen ambos modelos, pues por lo que tengo entendido, no deben ser de lo más distributivos. Es decir: lo más probable es que en el fondo sean cadenas encubiertas.
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