8 de diciembre de 2019, 15:28:01
Opinion


Miedo en Corea



Parece una ironía que, tan sólo un día después del histórico pacto de colaboración firmado entre la OTAN y Rusia en Lisboa, un inesperado ataque de Corea del Norte a su vecina del sur nos recuerde que la Guerra Fría aún sigue candente en algunos lugares de la tierra. Al cierre de esta edición aún no estaban claras las causas que han llevado a régimen de Pyongyang a lanzar casi ochenta proyectiles contra la isla surcoreana de Yeongpyeong. En medio de un cruce de amenazas y acusaciones mutuas, lo único que sí lo está es que han muerto dos soldados surcoreanos, hay una veintena de personas heridas, incluyendo civiles, y que un escalofrío ha recorrido la espalda de medio mundo.

Y es que el ataque de ayer ha llegado tan sólo días después de que se verificara la capacidad del régimen norcoreano para fabricar bombas nucleares, gracias a un moderno complejo atómico, oculto hasta ahora. Por ello, la comunidad internacional se ha apresurado a pedir calma a ambos países, ya que si el ataque derivara en un enfrentamiento bélico, las consecuencias podrían ser imprevisibles. Tanto China como Rusia, uno de los pocos países que apoyan al Corea del Norte, han mostrado cautela en sus declaraciones, afirmando su “preocupación” por lo ocurrido en la península coreana. El ataque coincide, además, con la visita del representante especial de los EEUU para Corea del Norte, Stephen Bosworth, a Pekin.

En condiciones normales cabría esperar un mínimo de cordura en los países implicados, más allá de las diferencias irreconciliables que les lleven a enfrentarse. Al fin y al cabo, las dos Coreas nunca llegaron a firmar la paz y se han mantenido desde 1945 en un delicado armisticio salpicado de desencuentros como el que costó la vida a 46 militares surcoreanos el pasado mes de mayo. Sin embargo, poco puede esperarse de Corea del Norte, uno de los regímenes más herméticos y totalitarios del mundo actual, que se rige por una dictadura hereditaria estalinista implacable. Se trata de un país conducido con mano férrea por un líder megalomaniaco, cuyas motivaciones se mueven a un ritmo totalmente diferente del resto del planeta. Puede que el ataque de ayer respondiera únicamente a una necesidad de consumo interno o un simple deseo de hacer una inútil y peligrosísima exhibición de fuerza. En cualquier caso, es de esperar que la comunidad internacional sea capaz de detener el conflicto antes de que la situación se haga irreversible.
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