24 de junio de 2021, 10:35:32
Opinión


El silencio de los corderos

Norberto Alcover


Resulta, ahora, que el maquiavélico Kissinger organizó la casi olvidada marcha verde para asegurarse de que el Sahara español no acabara en manos argelinas. Tanto él como nuestro familiar Hassan II engañaron a un Franco terminal y a un Príncipe con las manos atadas. Al cabo, nosotros pusimos en bandeja el territorio colonial a mayor honra y gloria de un Marruecos crecido con la permanente excusa de Ceuta y Melilla.

Desde entonces, y al margen de los muchos planes que nuestros políticos han urdido, nuestros amigos saharauis solamente han encontrado en el Frente Polisario, tan ambiguo en ocasiones, un valedor auténtico ante las presiones de siempre, sabedores que las futuras serán todavía peores. Y si no, al tiempo.

Pero lo que de verdad deseo resaltar en este momento es que, una vez más, tras la durísima represión ejercida por Marruecos sobre un aterido campamento de refugiados saharauis en virtud de una misteriosa acción de los polisarios, España está guardando silencio gubernamental que produce asco y no menos vértigo. Resulta que todavía carecemos de datos fiables para emitir un juicio de valor al respecto. Resulta que la ONU no se atreve a condenar. Resulta que Marruecos se carcajea ante el silencio de estos corderos occidentales, incapaces de reaccionar por razones entre geográficas, políticas y empresariales. Que se pudran los saharauis una vez más y que se pierdan de una maldita vez en su maldito desierto.

Nuestra raquítica política internacional acaba pasándonos un precio ético de envergadura: permanecemos en silencio ante la sangre derramada, ante la represión de informadores, ante el desprecio por las relaciones internacionales. Porque prácticamente somos nadie y vamos a menos. En ocasiones, los errores políticos se traducen en terribles pecados éticos. Debiera darnos asco.
El Imparcial.  Todos los derechos reservados.  ®2021   |  www.elimparcial.es