27 de mayo de 2020, 5:23:25
Opinión


Guerra de divisas versus Moneda Única Mundial

Jesús Lizcano


En las recientes reuniones del G-20 y otros foros internacionales se ha puesto claramente de manifiesto lo peligroso e irracional de una Guerra de divisas entre las mayores potencias económicas del mundo; y nos atreveríamos a añadir a los anteriores el calificativo de vergonzante de tal guerra, y no tanto por la propia utilización de esas armas monetarias, sino porque en una época como la actual, de desarrollo y grandes avances de las diversas disciplinas científicas, incluida la Economía (aunque ésta menos), tenemos todavía un sistema financiero y monetario mundial nocivamente fragmentado en tantas monedas o divisas como las actualmente existentes.

Nos encontramos inmersos en una verdadera Torre de Babel monetaria; si no nos preocupamos a fondo de encontrar soluciones (al menos a medio y largo plazo), podríamos correr el riesgo real de que dicha torre se derrumbe y nos encontremos con una nueva crisis financiera y monetaria internacional, debida entre otras cosas a la aplicación irracional e interesada de esas argucias monetarias en el imprevisible y a menudo volátil mercado mundial de las divisas.

Tarde o temprano tendremos que tomar conciencia del problema y buscarle una solución definitiva, solución que pasa a nuestro juicio por estudiar a fondo la posibilidad y viabilidad de llegar a tener una única divisa mundial, de poder alcanzar ese sueño de una Moneda Única Mundial, técnicamente viable, aunque políticamente ilusoria con la mentalidad actual de la mayor parte de los gobernantes. Esta moneda única fue ya postulada por Keynes en Breton Woods (1944), y defendida firmemente por otros prestigiosos economistas posteriores, como el norteamericano Richard Cooper, o el canadiense Robert Mundell, Premio Nobel de Economía en 1999.

La realidad es que necesitamos más que nunca una globalización monetaria que venga a reforzar el nivel de seguridad de la globalización financiera en general, y consecuentemente de la globalización económica. La actual crisis mundial viene propiciando una creciente conciencia global para abordar los problemas y desafíos internacionales, y en este contexto es necesario hacer ver a la sociedad que la Moneda Única Mundial no es sueño ni una fantasía, sino que resulta viable desde el punto de vista técnico, como viable ha resultado el Euro, divisa común de dieciséis países europeos (diecisiete a partir de enero), el cual igualmente se veía como un sueño o una quimera hace algunas décadas, y la realidad ha demostrado que es perfectamente factible, y que además sirve para poder resolver los problemas individuales que puedan tener -y de hecho están teniendo- algunos países europeos, lo cual otorga además a la divisa única un papel de elemento de seguridad y de solidaridad, que no existiría en el caso de que siguiera habiendo en Europa la antigua fragmentación de monedas y divisas nacionales.

Los beneficios de la existencia de una Moneda Única Mundial serían realmente impresionantes, tanto a nivel cualitativo o social, como cuantitativo en términos económicos. Por una parte, el Comercio mundial se vería impulsado de forma extraordinaria, ya que con una sola moneda, la operatoria comercial se vería radicalmente simplificada y automatizada; por otro lado, se eliminarían la mayor parte de los costes de transacción a nivel internacional, así como los riesgos y costes de los seguros de cambio, con el consiguiente incremento de la eficiencia económica global y del PIB de los distintos países.

Por otra parte, de los dos mercados financieros básicos existentes: el de cambios y el de capitales, la existencia de la MUM conllevaría la desaparición del primero, y por tanto desaparecerían definitivamente las Crisis monetarias internacionales. Ello originaría a medio plazo, además, un importante traslación de recursos personales, técnicos, institucionales, empresariales, etc. desde la Economía financiera a la Economía real, potenciándose así los mercados económicos (bienes y servicios); aparte de ello, al disminuir adicionalmente el nivel de incertidumbre de la Economía real, podría aumentar de forma permanente y estable el nivel de confianza económica y empresarial, verdadero motor de la economía internacional.

Además, la MUM determinaría asimismo unas condiciones sustantivamente más favorables para la integración financiera, tanto a nivel de instituciones como de mercados. Y obviamente pasarían a ser historia las Guerras de divisas.

Pensemos al menos en ello.
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