13 de noviembre de 2019, 0:52:53
Opinion


Elecciones autonómicas en Cataluña (II):notas de una campaña

Jordi Canal


La campaña electoral para las elecciones autonómicas en Cataluña está llegando a su fin. Sin lugar a dudas, lo más sorprendente ha sido la multiplicación de partidos y coaliciones con posibilidades reales de entrar en el Parlament. Dos partidos independentistas, por ejemplo, Solidaritat Catalana per la Independència y Reagrupament, que presiden Joan Laporta y Joan Carretero respectivamente, pueden sumar sus escaños a los de ERC. El gran éxito de esta última formación, integrante de los inefables gobiernos tripartitos, ha sido el de fomentar el independentismo en Cataluña, ante la pasividad de su socio mayoritario, el PSC. Resulta sorprendente, por no decir insultante hacia los votantes, que el partido socialista y su líder José Montilla se hayan presentado en esta campaña como el freno al independentismo. El juego del donde-digo-digo-digo-Diego alcanza en este punto unos índices de cinismo preocupantes. Los socialistas catalanes y su líder español, el pinochista Zapatero –por Pinocho, el mentiroso, está claro, no por Pinochet-, se cuentan entre los principales causantes del estropicio catalán de los últimos años, que ha provocado, entre otras cosas, una gran desafección política, el deterioro de las relaciones Cataluña-España y el auge del independentismo. El PSC no se atreve a defender ahora el Tripartito, una fórmula cuyo fracaso ha sido tan monumental que será recordado, puede que hasta en los diccionarios del futuro, como sinónimo de fiasco e irresponsabilidad.

En las filas de uno de los socios de los socialistas, ERC, tampoco se osa hablar bien de los gobiernos de los que formaron parte y, ante un descalabro electoral previsible, han optado por echarse al monte. Las declaraciones de Joan Puigcercós contra los andaluces constituyen una buena muestra. Pilar Rahola ha escrito con razón que este dirigente político tiene tendencia a “hablar con el trabuco en la boca”. El estilo mamporrero fascina al de Ripoll. Las ofertas que, a lo largo de toda la campaña, han estado haciendo a CiU para la gobernabilidad futura son, sobre todo, un claro signo de impotencia, aunque no pueda infravalorarse que algo hay de miedo ante la pérdida de tantos suculentos cargos públicos. El otro socio del PSC, los eco-socialistas-comunistas de ICV, van a ser seguramente los menos perjudicados por los errores pasados. La clientela de la formación se ha ensanchado gracias a la obra repartidora que han llevado a cabo desde el gobierno. Bien lo saben, entre otros, mis colegas historiadores, convertidos al “memorialismo democrático”. La campaña se ha reducido a la monótona repetición de que las políticas de izquierda son la solución a todos los problemas. En el desarrollo de este discurso vacío, Joan Herrera ha aportado nuevas muestras de la cercanía entre el comunismo y el poscomunismo y la fe y la religión.

El PP, por su lado, ha mantenido un tono discreto, consciente de que el ganador de las elecciones puede pedir su apoyo y, por encima de todo, de que las elecciones generales no están lejanas y que pueden necesitar de nuevo, como en 1996, a los nacionalistas catalanes. Han tenido el acierto de colocar encima de la mesa algunos temas que lo políticamente correcto impide nombrar, entre ellos la inmigración. Las formas, no obstante, no han sido a veces las más afortunadas. El partido de Alicia Sánchez Camacho puede convertirse en la tercera fuerza en Cataluña, desplazando a la cuarta posición a ERC. Los convergentes, sabiéndose ganadores de estas elecciones autonómicas de 2010, plantearon desde el principio una campaña poco estridente, sin aspavientos, intentando mostrar en todo momento que representan una apuesta seria. Han frenado el soberanismo para acercarse a los segmentos más centrados, que son finalmente los que pueden proporcionarles una amplia victoria. Artur Mas ha ido consolidando su imagen de gobernante fiable y de futuro, a pesar de los intentos que desde la televisión catalana se han hecho para dinamitarla.

Los pequeños partidos han luchado para hacerse escuchar, a pesar de las dificultades que deben superar para ello. Joan Laporta, al frente de Solidaritat, no ha sido capaz de convencer a nadie de que tiene un programa. Todo se reduce a la proclamación de la independencia. El día después todos los catalanes serán felices, ya no les robarán sus ahorros y todos los países del mundo les acogerán con los brazos abiertos. Resultaría patético si no fuera peligroso. Los sondeos más recientes colocan a Laporta en el parlamento catalán. Estos mismos sondeos aumentan la representación de Ciutadans, que obtuvo tres escaños en las elecciones pasadas. La campaña electoral de esta formación ha sufrido, como en otras ocasiones, los insultos y los ataques del nacionalismo catalán más radical. Esta animadversión es, seguramente, la mejor razón para que un partido como Ciutadans exista y esté representado en el Parlament, aunque en la pasada legislatura sus dirigentes no estuvieran siempre a la altura de las expectativas de sus electores. UPyD, el partido que lidera a escala nacional Rosa Díez, se ha mostrado, por su parte, bastante desacertado. Una de las grandes incógnitas de estas elecciones autonómicas es, finalmente, el nivel de penetración del discurso de la formación de Josep Anglada, Plataforma per Catalunya, de carácter identitario y populista.

Esta campaña electoral será también recordada por los orgasmos que ha provocado, ya sean reales o fingidos. El sexo ha estado muy presente en ella. Las juventudes del PSC nos deleitaron con un video en el que votar por Montilla conseguía provocar un orgasmo. Debo confesar que el candidato socialista es de lo menos erótico que se me ocurre, pero los cachorros de su partido intentan vendernos lo contrario. La desesperación obra maravillas. La CORI, una estrafalaria formación que también se presenta a las elecciones, contraprogramó otro video con un orgasmo fingido y un “No me jodas, Montilla”. Este partido ha colocado en el segundo puesto de sus listas a la famosa folklórica travestido Carmen de Mairena, que aprovechó el acto celebrado en la Universitat Pompeu Fabra para enseñar los pechos a la concurrencia. Los de Montserrat Nebrera, en cambio, se mantienen protegidos bajo una toalla tras el concierto de gemidos y jadeos con el que nos sorprende en su video electoral. Pienso que la ex política popular, ahora al frente de su propio partido, Alternativa de Govern, no ha estado nada acertada y que merece, por su inteligencia y capacidades, algo mucho mejor. Hasta la pornostar María Lapiedra nos ha inundado con fotografías de su cuerpo desnudo al lado de una bandera independentista en apoyo de Laporta, un personaje tan ególatra y escandaloso en política como el que conocimos en su etapa de presidente del Barça. En la última semana de campaña, sin embargo, Laporta y Lapiedra han roto relaciones políticas. En todos los casos, estamos muy lejos de la originalidad, a la hora de mostrar su cuerpo, mostrada por Albert Rivera, el líder de Ciutadans, en la campaña de 2003. Lo que era una novedad entonces resulta sobado y sonroja hoy. No me parece que estemos solamente ante un ataque de frivolidad. La necesidad de superar la desafección ciudadana y el hastío ante una clase política que muestra, con honorables excepciones, su mediocridad y alejamiento de los intereses fundamentales de la población favorecen, asimismo, este tipo de publicidad. La deriva es algo alarmante. El gobierno que salga de estas elecciones debe tomarse muy en serio el descrédito en el que la política y los políticos, en Cataluña, están inmersos.
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