22 de octubre de 2019, 10:27:05
Opinion


La reina española de Inglaterra

William Chislett


Algún día el Reino Unido tendrá su quinta reina Catherine (Catalina) y es de suponer que el reinado de Kate (diminutivo de Catherine) Middleton, recientemente comprometida con el príncipe Guillermo, segundo en la línea de sucesión, no sea tan trágico como fue el de Catalina de Aragón (1485-1536) y con tantas consecuencias dramáticas y violentas, empezando con la separación de la Iglesia de Inglaterra de la Iglesia Romana Católica.

El ameno libro de Giles Tremlett, Catherine of Aragon: Henry’s Spanish Queen (“Catalina de Aragón: La Reina Española de Enrique”), publicado por Faber and Faber, es una apasionante historia de sexo, poder y política europea que, como dice Tremlett, autor de un excelente libro sobre la España contemporánea, “España Ante Sus Fantasmas” y corresponsal en Madrid de The Guardian y de The Economist, “se encontraron en el lecho nupcial.”

Esta es la primera biografía en inglés sobre Catalina desde el libro de Garrett Mattingly publicado en 1942. Incorpora casi 70 años de estudios sobre los Tudor, hoy una parte de la historia del Reino Unido muy popular y contempla este fascinante periodo desde una perspectiva española y no solo inglesa.

Catalina, la menor de las cuatro hijas del rey Fernando II de Aragón el Católico y de la reina Isabel I de Castilla la Católica, y tía de Carlos V, Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, es una figura clave en la historia de mi país y protagonista importante de la Reforma. Si no se hubiera casado primero con el enfermizo príncipe Arturo, hijo de Enrique VII, y luego con su hermano menor Enrique VIII la historia del Reino Unido, y la de Europa, hubieran sido bien distintas. Tal vez la llamada Reforma Anglicana no hubiera ocurrido.

Catalina fue prometida en matrimonio con Arturo cuando el tenia dos años y ella tres, como parte de una estrategia de fraguar una alianza entre España e Inglaterra. Llegó a la isla con 16 años, después de un viaje por mar de tres meses, hablando en latín y se quedó viuda antes de cumplir 17 años, sin dejar constancia si era aún virgen o no, un asunto que años más tarde se convirtió en una gran polémica cuando Enrique VIII empezó el proceso con el Vaticano, que duró seis años, de anular su matrimonio para poder casarse con Anne Boleyn, la segunda de sus seis esposas y bastante más joven que Catalina, con la esperanza de tener un heredero varón.

Enrique, buscando un pobre pretexto para anular su matrimonio, puso en duda la dispensa que el papa le había dado para casarse con la viuda de su hermano, aduciendo que contradecía la Biblia. Según el Levítico es una “impureza” casarse con la mujer de un hermano, mientras que para el Deuteronomio es el deber de un hombre casarse son la viuda de su hermano. Enrique ignoró esto último.

Catalina, cuyo matrimonio con Enrique duró más años que todos los demás matrimonios del Rey, y que fue muy popular entre el pueblo, se quedó embarazada varias veces pero solo sobrevivió una hija, Mary (María I Tudor, quien más tarde se casaría siendo reina de Inglaterra con el príncipe Felipe de Austria, coronado rey de España como Felipe II a los dos años de su matrimonio). Parece que Catalina sufrió anorexia y esto afectó a su ciclo menstrual. La ironía es que dos de las hijas de Enrique, Mary y Elizabeth, tan obsesionado en tener un hijo, fueron reinas consecutivas durante unos 50 años.

Uno de los descubrimientos significativos del libro del Tremlett, meticulosamente investigado, es el testimonio (en un documento de unas 70 páginas hoy en el monasterio de Veruela, Aragón) de las compañeras de viaje de Catalina, dado en Zaragoza, quienes dijeron que su matrimonio con Arturo no fue consumado, desmintiendo el testimonio de testigos ingleses dado en Londres que afirmaban que Catalina sí perdió su virginidad. Jamás se había examinado tanto en público la vida sexual de unos monarcas. Parece que el pene de Arturo era fino en la base y bulboso en la cabeza y que no podía mantenerse erecto.

El autor demuestra que Catalina, una de las mujeres mejor educadas de Europa, tenía una enérgica personalidad y estuvo lejos de ser una víctima de las circunstancias. Era muy inteligente. Sabia lo que estaba haciendo, hasta convertirse en una mártir si era lo que Enrique quería. Con este libro, Catalina ha dejado de ser una nota al pie de página en la historia.

El mismo día que Catalina ganó su causa en el Vaticano, la Cámara de los Lores en Londres anulaba su matrimonio, consolidando la ruptura con Roma. Catalina pasó el resto de su vida en condiciones casi carcelarias y la gente que la apoyó activamente, como cinco frailes cartujos, fueron ejecutados de la manera más cruel (colgados hasta casi morir, con sus intestinos y corazones arrancados y luego decapitados).

La próxima reina Catalina entrará en la historia por otras razones (su familia no pertenece a la aristocracia), pero a juzgar por su largo noviazgo con el príncipe Guillermo, es, como Catalina, una mujer muy decidida.


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