18 de noviembre de 2019, 2:37:33
Opinion


El por qué del ataque militar norcoreano sobre la isla de Yeonpyeong

Hidehito Higashitani


Como respondiendo al ataque del ejército norcoreano de Kim Jong-il contra la isla surcoreana de Yeonpyeong del pasado día 23, se han llevado a cabo los ejercicios militares conjuntos de EEUU y Corea del Sur en el Mar Amarillo en los primeros días de diciembre por espacio de cuatro días con la participación del potentísimo portaaviones nuclear estadounidense George Washington. Y era de esperar, Corea del Norte, después de unos días de terminadas las maniobras, advierte a como Seúl, con su tono habitual de amenaza y de fanfarronería, de que si se repite la misma actuación en el futuro por parte de EEUU y Corea del Sur, ‘nadie podrá predecir las consecuencias’.

En el mencionado ataque por sorpresa del día 23 de noviembre, el ejército de Corea del Norte lanzó cientos de proyectiles de artillería contra la isla fronteriza de Yeonpyeong que cuenta con algo más de mil habitantes civiles y unos quinientos militares, causando cuatro muertos (dos militares y dos civiles) y una veintena de heridos.

El gobierno surcoreano ha calificado de clara provocación militar el ataque efectuado esta vez por la artillería norcoreana y el Presidente surcoreano Lee Myung-bak ha advertido de que el gobierno respondería de forma severa en caso de que se repitiese el ataque.

Pero ésta no es la primera vez que Pyongyang recurre a su acostumbrada técnica de provocación y de desafío contra la comunidad internacional. Recordemos por ejemplo el lanzamiento en 2009 de un cohete que se estrelló en el Mar de Japón a 300 kilómetros de las costas japonesas que desató la cólera del pueblo japonés, el incidente en el pasado mes de marzo del hundimiento de la corbeta surcoreana Cheonan atacado por un torpedo disparado por un submarino norcoreano en que murieron 46 marinos surcoreanos y que provocó las iras de Seúl y la reciente revelación norcoreana de que ellos disponen de miles de centrifugadoras para enriquecer uranio ‘para fines pacíficos’, argumento que ni se creerían ni ellos mismos.

Entre los analistas de la política peninsular coreana se barajan varias posibilidades como objetivo principal del reciente ataque de artillería norcoreana. Por ejemplo, algunos especialistas opinan que al tener en cuenta la cercanía del centenario en 2012 del nacimiento del fundador del régimen comunista norcoreano Kim Il-sung, el incidente puede significar uno de los movimientos preparatorios para asegurar el proceso de sucesión del poder hereditario dictatorial en Kim Jong-un de unos 28 años de edad, el tercer hijo del actual dictador Kim Jong-il, para demostrar ante el pueblo ‘su extraordinaria sabiduría y capacidad militar’ como nuevo líder del país. O bien puede tratarse de una estrategia para exigir a EEUU que se sienta a la mesa de negociación con ellos en busca de su estabilidad política en el marco internacional y su beneficio económico. O bien puede tratarse de una demostración de fidelidad de los militares frente a los altos dirigentes del gobieno dictatorial. O también cabe la posibilidad de haberse tomado esta medida para calmar y desviar la atención del pueblo norcoreano descontento por la mala situación económica que azota al país y de esta forma para fortalecer el control sobre la población.

Pero cualquiera que sea el motivo, lo cierto es que el pobre pueblo norcoreano sigue sufriendo un hambre fatal y canina.

El periódico “Asahi Shimbun” de Tokio de esta semana daba la noticia de que hace unos días se descubrieron en la misma ciudad de Pyongyang unos papeles ‘subversivos’ que criticaban a los líderes del régimen dictatorial comunista con el título de “Nos ha aparecido el tercer oso”, refiriéndose claramente a la figura obesa y bien alimentada de Kim Jon-un, el tercer hijo del actual dictador Kim Jong-il y el nieto del fundador del régimen comunista Kim Il-sun. Y seguía diciendo el panfleto, “Mientras tú vas engordando, nosotros vamos adelgazando.”

Está claro que se tendrá que hacer algo y poner medios por lo menos para salvar a esos inocentes ciudadanos norcoreanos, tomados como rehenes, por decirlo así, por el régimen dictatorial en un país herméticamente cerrado hacia el exterior y para encontrar una eficaz solución del problema.

En este sentido, el papel que tiene que desempeñar China, el máximo aliado de Corea del Norte, es importantísimo. De este tema ya trataremos en otra ocasión.
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