22 de septiembre de 2019, 16:46:34
Opinion


VARGAS LLOSA, CASTRO, CHÁVEZ, CORREA, ORTEGA

Luis María ANSON


La izquierdona está que trina. Mario Vargas Llosa, en lugar de plegarse al progresismo rampante de salón y caviar, dedicó su discurso del Nobel a hechizar la literatura y a fustigar a las dictaduras. Es lo que ha hecho siempre, por otra parte. Fue el máximo detractor de Pinochet. Estuvo siempre contra Fidel Castro. Está ahora contra su marioneta venezolana, el caudillo bufón Chávez y contra sus corifeos de Ecuador y Nicaragua.

O se está con la libertad o se está contra la libertad. Eso lo explicaba muy bien Octavio Paz. Si se está con la libertad no se puede hacer excepciones, no se puede esconder la cabeza ante los dictadores comunistas. Stalin fue tan deleznable como Hitler o Mussolini. Fidel Castro repugna tanto como Franco o Salazar. Vargas Llosa, con el valor intelectual que ha caracterizado toda su vida, ha dicho en Estocolmo lo que debía decir. Y, además, ha metido el bisturí en la carne podrida de los nacionalismos.

Sin aspavientos, con moderación, dominando el énfasis, afirmó: “El nacionalismo ha sido la causa de las peores carnicerías de la historia”. El milagro de la Transición española, el milagro que impulsó Juan III contra la dictadura de Franco y que encarnó su hijo Juan Carlos I, está amenazado para Vargas Llosa por algunos sectores nacionalistas. Le faltó añadir que ni el pueblo vasco ni el catalán ni el gallego quieren el secesionismo, sino un sector de la clase política que aspira a mandar todavía más. La voracidad nacionalista denunciada por Vargas Llosa en Estocolmo fue anticipada por Ortega y Gasset durante el debate que mantuvo con Manuel Azaña en los albores de la II República Española. Nada nuevo bajo el sol.
El Imparcial.  Todos los derechos reservados.  ®2019   |  www.elimparcial.es