10 de diciembre de 2019, 7:28:28
Los Lunes de El Imparcial

reseña


Zygmunt Bauman: Miedo líquido. La sociedad contemporánea y sus temores


Zygmunt Bauman: Miedo líquido. La sociedad contemporánea y sus temores. Traducción de Albino Santos Montera. Paidós. Barcelona, 2010. 232 páginas. 18 €


La reedición después de tres años de Miedo líquido, de Zygmunt Bauman, por la editorial Paidós es todo un acierto. Un acierto comercial que se suma a la reciente publicación de otras obras suyas como El arte de la vida –donde se aborda el difícil tema de la felicidad–, Mundo consumo o Vida líquida, y coincide con la concesión del premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades en 2010 al prestigioso sociólogo de origen polaco.

Miedo líquido no es apto para ser leído en el Metro, ni sin la ayuda de un lápiz. El libro desasosiega partiendo de esta premisa: “Vivir en un mundo líquido del que se sabe que sólo admite una única certeza (la de que mañana no puede ser, no debe ser y no será como es hoy)...” Esta continua incertidumbre, esta disipación diaria se explica a través de los seis capítulos relacionando el miedo con la desaparición física, con la fama, con la globalización, con el consumo, con el terrorismo, hasta con lo cósmico (siguiendo la denominación de Mijail Bajtín, pág. 123) y la sociedad abierta.

Decía que no es un libro apto para ser leído en el Metro porque exige concentración y conocimiento filosófico. El autor se nutre de gran cantidad de referencias filosóficas y sociológicas que elevan aún más la categoría intelectual del libro. Basta consultar el índice onomástico de las últimas páginas para contrastarlo. Pero no se mueve únicamente en el universo de las referencias, sino que toda su disertación parte de la contemplación de la sociedad en la que vivimos. Los ejemplos sobre consumo, sobre los desastres del huracán Katrina o de la invasión de Irak no son ajenos ni incomprensibles. De todas formas, consciente de su profundidad, Bauman siempre hace un pequeño resumen de lo expuesto en cada capítulo con la pretensión didáctica de que recordemos la esencia de todas las ideas expresadas.

El miedo, como latigazo transversal en toda nuestra existencia, es según Bauman el más siniestro de los múltiples demonios de las sociedades abiertas. De ahí derivan la inseguridad y la incertidumbre y algo que todos podemos ver en los aeropuertos: mayor seguridad a cambio de limitación de libertad. Mayor aparente seguridad –y cita el autor los ensayos de Robert Castel sobre este tema (pág. 167)– que hayamos podido disfrutar en ningún momento de nuestra historia, y en cambio vivimos aterrorizados.

La última parte del libro, dedicada a una conclusión no definitiva, no es un decálogo de soluciones al estilo de las obras de autoayuda, sino una versión corregida de la conferencia pronunciada en 2005 en la London School of Economics, en la que desentraña el papel de la intelectualidad y su trasnochado rol de guía de la historia de los pueblos.

Si toda comprensión del ensayo es posible, lo es gracias a la magnífica traducción de Albino Santos, que logra con su trabajo un estilo fluido y fácil de leer. Sólo cabe mencionar un error en la obra citada de Émile Ajar (pág. 9), al tratarse de “La vie devant soi” y no “en soi” como aparece. Un último apunte sobre la cubierta del libro, que me parece poco acertada, más propio –y perdonen la licencia– de un folleto promocional de los fiordos noruegos.

Por Mayte Ortega
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