5 de diciembre de 2019, 17:05:12
Los Lunes de El Imparcial

crítica


Diego Gracia: Voluntad de comprensión. La aventura intelectual de Pedro Laín Entralgo


Diego Gracia: Voluntad de comprensión. La aventura intelectual de Pedro Laín Entralgo. Triacastela. Madrid, 2010. 720 páginas. 39 €


Tengo el gusto de presentar la espléndida biografía de un personaje muy importante de la Historia de España de siglo XX, D. Pedro Laín Entralgo, catedrático de Historia de la Medicina de la UCM, político, ensayista, crítico literario y, sobre todo, filósofo, creador de una original Antropología filosófica que fue su proyecto originario, su auténtica vocación y su verdadera misión histórica, a la que, a pesar de haber tenido que renunciar en la primera parte de su vida, tuvo, sin embargo, la capacidad y la fuerza de llevarla a cabo y dar así cumplimiento a la voz de ese “fondo insobornable” del ser humano, a esa autenticidad originaria que es necesario no traicionar, pero que siempre resulta difícil y, por tanto, bueno, llevar a plena realización.

La obra está maravillosamente escrita con la seriedad y el rigor propios de un gran intelectual de nuestro tiempo, su discípulo Diego Gracia, que además ha contado con una excelente edición de la editorial Triacastela. Se trata de una biografía hecha desde el imperativo orteguiano del amor y de la comprensión, una narración perfecta en la que el lector es invitado a un recorrido en el que fluye paralelamente el itinerario intelectual de Laín Entralgo y los acontecimientos de un siglo completo de la Historia de España. El texto no da respiro al lector y aun pareciendo voluminoso, nos resulta corto. Desde luego, a mí me ha dejado un fuerte deseo de seguir leyendo a Diego Gracia y a su maestro.

El autor presenta la vida de nuestro filósofo en cinco periodos a los que corresponde cada una de las partes del libro. En la primera parte (1908-1936) se nos narra la evolución intelectual del joven Laín en los primeros años de su vida, en los que ha pasado de ser un estudiante de Química, entusiasmado por la ciencia natural, a ir descubriendo poco a poco, durante su licenciatura de Medicina, el mundo de las ciencias del espíritu de la mano de Ortega, D’Ors, Zubiri, Dilthey, Scheler y Heidegger. La tarea de este primer proyecto intelectual es salvar la realidad y, sobre todo, intentar comprender a los seres humanos, sanos y enfermos, y en especial a todos los españoles desde la idea scheleriana del hombre como ens amans.

La segunda parte de la biografía comienza en Burgos en 1938, cuando un grupo de intelectuales compuesto por Dionisio Ridruejo, Luis Felipe Vivanco, Luis Rosales, Antonio Tovar, Gonzalo Torrente Ballester, Rodrigo Uría y el propio Laín, desde la praxis política, se empeñan en hacer realidad “la voluntad asuntiva y superadora”, bajo el ideario de la Falange, a la que nuestro autor se afilia en agosto de 1936, después de haber leído y meditado los discursos de José Antonio. Concibe las ideas de Falange como una posibilidad de superación de todas las contradicciones en las que España ha vivido hasta ese momento, asumiéndolas en una unidad superior, a saber, los valores espirituales como condición esencial de la Nación. En este periodo defiende el pluralismo unitario o por representación. Todo se viene abajo cuando toma conciencia de la imposibilidad de abrir el régimen a otras voces. Así acaba su colaboración con él, tras haber sido Rector de la Universidad Central.

La tercera parte de la obra está dedicada al periodo 1956-1970 y lleva como título “La Filosofía del hombre que cree, ama y espera”. A partir de ese momento, su gran empresa va a consistir en la construcción de una teoría del ser humano a la altura de los tiempos, una teoría que pretende ser original y creadora. Su tesis es que el ser humano es natural y necesariamente un sujeto que cree, espera y ama. Frente a Heidegger y su concepto de angustia, Laín construye una analítica de la existencia humana tomando como experiencia originaria fundamental el concepto de esperanza. Obras fundamentales de este periodo son La espera y la esperanza, Teoría y realidad del otro y Sobre la amistad.

Del cuarto periodo de su vida (1970-1980) reseñemos sólo su autobiografía intelectual bajo el título de Descargo de conciencia, en la que revisa su trayectoria en el plano religioso, intelectual y político. Diego Gracia destaca la rectificación lainiana de su pasado político. Puesto que se equivocó públicamente, considera que también debe rectificar así, con el fin de reparar el posible daño realizado y contribuir a la creación de un nuevo espíritu, de una nueva cultura, que a la postre fue alimento intelectual del espíritu de la Transición.

La quinta parte (1980-2001) –Cuerpo, Alma, Espíritu– nos presenta a un Laín dedicado en exclusiva y con toda su energía al tema del cuerpo y a la completa construcción de su Antropología filosófica. De esta época son sus obras El cuerpo humano. Teoría actual, Cuerpo y alma, Idea del hombre, Alma, cuerpo, persona y ¿Qué es el hombre? En el trasfondo de su proyecto está Zubiri y su teoría del “emergentismo” por elevación, según la cual la materia produce el psiquismo no sólo desde sí misma, sino por sí misma. Laín intenta ir más allá. Defiende el emergentismo por estructuración, esto es, la aparición del ser humano obedece al mismo proceso evolutivo que el resto de la naturaleza. Por estructuración la naturaleza acaba produciendo por sí la vida del espíritu, específica del ser humano. De este modo, adopta una postura materialista desde un emergentismo monista, en el que se aprecia una crítica profunda al materialismo vulgar.

Todavía en el final de su vida, nuestro filósofo tuvo fuerzas para escribir La empresa de envejecer, en la que nos describe la vejez como una aventura personal que, como toda empresa, hay que vivirla hasta el final.

Por Antonio M. López Molina
El Imparcial.  Todos los derechos reservados.  ®2019   |  www.elimparcial.es