19 de noviembre de 2019, 16:46:16
Los Lunes de El Imparcial

reseña


Eliacer Cansino: Una habitación en Babel


Eliacer Cansino: Una habitación en Babel. Anaya. Madrid, 2010. 256 páginas. 10,50 €


“La Torre no es Babel, pero podría serlo: por las ansias desmedidas, por la confusión que contiene…” Así comienza esta historia galardonada en el año 2010 con el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil, en la que el autor, Eliacer Cansino, como en otras muchas ocasiones ya se ha hecho, utiliza la metáfora de la torre de Babel para referirse a la sociedad multirracial y multicultural en la que convivimos.

Ambientada en el pueblo andaluz de Alfarache, Cansino relata, de forma ágil y dinámica, los problemas y conflictos a los que debe enfrentarse un grupo de adolescentes inmigrantes a punto de terminar su etapa en el instituto, y su relación con algunos paisanos del pueblo, pertenecientes a los estratos sociales más bajos. La figura de su profesor de Filosofía, involucrado en la trama principal de la novela, servirá para dar voz a las reflexiones éticas y denuncias sociales que el escritor –él mismo catedrático de Filosofía en un instituto sevillano– pretende exponer, entre las que sobresale el amor al prójimo como clave de la tolerancia y el papel esencial de la educación como fundamento para construir un futuro mejor.

En “la Torre”, el edificio más alto de la comarca, con sus paredes desconchadas, el patio interior oscuro, el ascensor grafiteado y llantos continuos de niños en la escalera, conviven africanos sin papeles y marroquíes dedicados a actividades ilegales, con Berta y su madre divorciada; Marcos, un chico cualquiera con capacidad de hacer premoniciones sobre el futuro; Ángel, un maestro que huye de su pasado y que representa el ejercicio del saber más allá de lo exigible; y Gil, el viejo misterioso del séptimo. Por las ventanas se puede ver el trapicheo de la droga en la calle, mientras pasan los mendigos y vendedores ambulantes y se escuchan conversaciones y gritos en todas las lenguas y dialectos.

Para reflejar todo ese abigarrado mundo social e interracial, el vocabulario es rico y preciso, incluyendo en los diálogos términos coloquiales de la jerga de la calle, con lo que el autor consigue imprimir un tinte de mayor realidad a esta historia trepidante con giros imprevisibles que mantienen el suspense hasta el final; y que deja, ante todo, una puerta abierta a la esperanza.

Sin tapujos ni paños calientes a la hora de adentrarse en una de las problemáticas sociales de nuestros días, la integración cultural, Eliacer Cansino ha escrito un libro para jóvenes que empiezan a pensar como adultos y que ya no quieren que les cuenten cuentos.

Por Patricia Flores
El Imparcial.  Todos los derechos reservados.  ®2019   |  www.elimparcial.es