12 de diciembre de 2019, 23:53:51
Opinion


Ahora que a Zapatero parece que le queda poco...

Enrique Arnaldo


Escribió un Emerson cualquiera que los grandes hombres tienen biografías muy sucintas. Sin embargo, contestó Macpherson, Rodríguez Zapatero ha engordado a vertiginosa velocidad su biografía, y es un gran hombre. No me refería a ese tipo de gran hombre, concluyó un Emerson ofendido por un interlocutor que confunde la fama o el poder con la grandeza. Y se dio la vuelta continuando su camino.

Nuestro personaje, a quien un cariñoso biógrafo califica de maquiavélico, aun siendo de León, fue elevado a las alturas y trasmutado de diputado de a pie en Superpresidente. Su mérito, su gran mérito, fue ganar aquellas elecciones con alguna ayudita. Desde entonces se le reconoce un innato carisma. Y se ratificó a sí mismo volviendo a triunfar en las siguientes elecciones ante una acomplejada oposición llena de tópicos. Y va para siete años que Rodríguez Zapatero nos preside como líder y conductor máximo, sonrisa al viento y manos en movimiento, presuntamente para mejor explicarse.

¡¡Siete años!! Ni los más pesimistas podían fiarlo tan largo. A muchos, también de los propios y entusiastas zapateristas de otrora, se las está haciendo larguííííííísimo, como una mala digestión que no pasa ni con sal de frutas. Quien hasta hace no más de seis meses era el activo más importante del partido para volver a convencer a esos incondicionales diez millones de votantes, de pronto se ha hecho prescindible. Se le ha quitado la cara de carisma y helado la sonrisa. Algunos aseguran que ha entrado en un proceso depresivo, otros que se lo esté pensando (sic), pero no faltan quienes afirman que está aparentemente ido pero en realidad está cargando las pilas y que en su rentrée política a primeros de año se percibirá su fuerza renovada.

Hay que esperar. El país no tiene prisa. Estamos sobrados en nuestra cuenta de solvencia y credibilidad exterior. Los grandes bancos extranjeros y los inversores se pelean por comprar nuestros bonos. Vivimos en le mejor de los mundos y hasta a los parados –que están muy tranquilitos en la seguridad de obtener empleo en pocos días- les vamos a poner entrenadores personales. Fijaros si el país marcha de maravilla que el gran escándalo aéreo del puente de la Constitución pone de relieve que habría ni más ni menos que medio millón de personas que deseaban viajar en avión. ¡Para que se quejen!. El país va como un tiro. Una época dorada.

No hay prisa. Se percibe el dinamismo económico y la puesta en marcha de nuevos negocios; los jóvenes alcanzan puestos de trabajo a los quince días de terminar sus estudios; las facturas se pagan en no más de un mes; los pisos se venden; el poder adquisitivo de los funcionarios ha crecido y el consumo ha repuntado de nuevo.

No hay prisa. Vivimos en un mundo y en un país, feliz inmensamente próspero y feliz. Podemos esperar otros siete años. O incluso... más.
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