6 de diciembre de 2019, 0:31:03
Opinion


ZAPATERO ENMIENDA LA PLANA A FELIPE GONZÁLEZ

Luis María ANSON


En materia religiosa, José Luis Rodríguez Zapatero y Felipe González piensan aproximadamente lo mismo. La diferencia entre uno y otro es que Felipe González es un hombre de Estado y José Luis Rodríguez Zapatero es un político de ocurrencias.
Felipe González aceptó siempre las manifestaciones católicas en España como una realidad cultural, cuyo desconocimiento podía significar un error de graves consecuencias. Tal vez por eso, encumbró a un cristiano, Gregorio Peces Barba, para fluidificar la relación con la Iglesia; tal vez por eso, en lugar de quemar conventos, promovió la construcción de la catedral de la Almudena; tal vez por eso, en 1993 cruzó la Puerta del Perdón del Año Santo compostelano; tal vez por eso fue deferente con el Papa y cultivó las relaciones con el Vaticano.
Zapatero le ha enmendado la plana a su maestro Felipe González. Con su espíritu de preuniversitario inmaduro se ha dedicado a una estúpida provocación de la Iglesia, ha pretendido minimizar al Papa y no se ha dignado acudir a Santiago durante el Año Santo compostelano para cruzar la Puerta del Perdón, actividad propiamente cultural para los no creyentes.
Cánovas del Castillo fue el gran hombre de Estado español del siglo XIX; Felipe González, del siglo XX. Zapatero es sólo un político menor, una anécdota enredadora que ha distorsionado la vida española durante unos años atroces. La Historia pondrá a cada uno en su sitio. A Zapatero le queda ya poco tiempo. Es un cadáver político. De cuerpo presente, pero cadáver político.
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