26 de septiembre de 2021, 14:37:56
Opinión


Un Proyecto para Galicia (III)

Antonio Domínguez Rey


Concluyó el Año Jacobeo de 2010. Hemos esperado a que se cerrara la Puerta Santa de la Catedral de Santiago el 31 de diciembre para escribir este artículo. Entre otras razones, para aprovechar la calma que sigue a los acontecimientos importantes. La prensa galaica celebra en estos días el éxito obtenido valorando el rédito económico y la imagen pública, incrementada con el viaje de Benedicto XVI a la ciudad compostelana.

Santiago se ha convertido en un museo vivo de historia desentrañando del tiempo la esquirla de presente que lo anima. Caminando hacia el Pórtico de la Gloria, el peregrino se adentra, a la par del paisaje que recorre, en una vivencia reveladora de destino. El tiempo de antaño retoña en cada trecho de la jornada. Entrando en las naves románicas, la era digital se funde con la alta Edad Media. Ya de regreso, el caminante siente rebrotar un canto en el ánimo. Viajar a Compostela renueva el espíritu.

Toda Galicia depende de la Catedral de Santiago. Sin ella, no tendría Norte, horizonte. Quedaría huérfana. La Iglesia ha conseguido que en esa vivencia de tiempo plegado convivan el sentido religioso, los poderes político, financiero, comercial, y la esperanza crédula de gente confiada en su más íntimo reclamo a la trascendencia de la vida.

Esta sabiduría ancestral de resonancia mancomunada en el camino hace que nada ni nadie pueda dar un paso en Compostela sin que resuene alguno de los muros que juntan y dividen edificios religiosos, políticos, bancos, comercios, viviendas, entidades de administración cultural, universitaria, recodos intelectuales y páginas de periódico cuyos lectores se multiplican con los desayunos o aperitivos en los bares. Galicia prospera y avanza de recodo en recodo, boca a boca. Sólo la campana Berenguela atraviesa con su bronce centenario y uniforme las diferencias enmuradas.

La Iglesia ha sabido evitar el efecto de espectáculo que en otras ocasiones el poder político le confirió a los años jubilares. Queda en el aire un aura de recogimiento más puro, no evaporado.

Preocupan, no obstante, los diez años que separan a este Jacobeo del próximo, en 2021. ¿Qué hacer, mientras tanto? Recortan la distancia el octavo centenario de la consagración de la Catedral, que se celebra en este mismo año de 2011, y la inauguración de la primera fase de un complejo cultural que entreabre un nuevo lustro. Cuando funcione plenamente, la Ciudad de la Cultura de Santiago será -eso se pretende- el segundo símbolo señero de la comunidad galaica. Otra cosa es obtener el eco internacional que iguale o supere el brillo de la estrella, torres, campanas y concha jacobea.

Entre los años 1997 y 2000 un grupo de intelectuales y creadores propusimos a la presidencia de la XUNTA de Galicia, a la Universidad de Santiago primero y a las de Vigo y A Coruña luego, con notificación además a la Casa Real, así como a entidades religiosas, financieras, comerciales y mediáticas, la fundación de un centro cultural trasatlántico que convirtiera al noroeste de España en referente euroamericano de la Unión Europea. La propuesta recibió aceptación unánime manifestada de modos varios. Constituimos para ello una asociación con el anagrama AULIGA. Sin embargo, no hubo decisión ni voluntad previsora que aprovechara el tránsito del siglo XX al XXI con una idea clara de impacto y compromiso europeo por parte de Galicia y resto de España.

Entre los objetivos de tal propuesta figuraba, y aún se mantiene hoy vivo, el de convertir a Galicia en foco europeo de la koiné iberoamericana partiendo de su bilingüismo, los idiomas gallego y castellano, y de su experiencia emigrante y peregrina. El gallego la une históricamente con el portugués de Portugal, Brasil, Angola y poblaciones asiáticas; el castellano, con el resto de los países de América del Sur y parte de Estados Unidos. A su vez, el Camino de Santiago vertebra su conexión con Europa a través de Francia y activa también la resonancia del Apóstol en ciudades trasatlánticas, con presencia gallega.

La oportunidad y conveniencia del propósito era y es inmejorable. Galicia no representa -lo hemos manifestado varias veces- las tensiones de otras comunidades históricas de España, como terrorismo y secesión. Aporta más bien una vivencia centenaria de comunidad creadora e integración cultural abierta, dentro y más allá de su ámbito natural. La emigración vivida desde hace siglos la dota de un sentido existencial solidario. Es el momento de que alguien eleve esta realidad a categoría de historia. Y nada mejor que alzar la mirada en el horizonte comunitario de Europa y América.

Coincide esta vertiente, además, con la reorientación que países americanos efectúan hacia Asia desprendiéndose del atractivo político y cultural que, hasta hace poco, les inspiraban los estados europeos. Un centro cultural, universitario, tecnocientífico y creador de relieve en Galicia de cara a América, desde esta orilla del Atlántico, incluiría incluso, como Norte del Sur, culturas del continente africano. Y esta perspectiva se refuerza con el origen marítimo de la leyenda jacobea asociada al viaje en barca del cuerpo santo del Apóstol decapitado, desde Palestina hasta Padrón, villa de Macías el Enamorado, de Rosalía de Castro, de Camilo José Cela, y, río Sar arriba, a las puertas de Santiago.

Quienes hicimos y seguimos haciendo tal propuesta nos creemos de algún modo entreverados en la motivación del proyecto Ciudad de la Cultura, es decir, en el móvil u orientación de la idea, no en el complejo arquitectónico encargado, previo concurso, al arquitecto neoyorquino Peter Eiseman. El próximo día 11 de este mes de enero del nuevo año en curso inauguran los Príncipes de Asturias en el Monte Gaiás, enclave del complejo, dos de los cuatro edificios previstos, la Biblioteca y el Archivo, ambos nacionales. Le seguirán más adelante el Museo de Galicia, un Edificio de Servicios Centrales, un Centro de Música y de Artes Escénicas y otro Centro de Arte Internacional.

El titular de la Consejería de Cultura confirma afortunadamente la vocación europea y trasatlántica de esta empresa asociada al prestigio internacional de Santiago. Tiene la intención de convertirla en referente mundial de infraestructuras culturales. Confiamos por ello en que no resulte otro megadepósito de tránsito de exposiciones, conciertos, iniciativas de vanguardia y retaguardia dentro de una cadena adinerada de museos, colecciones públicas y privadas, seguros, intermediarios, marchantes, oportunistas que transforman la cultura en reclamo de nueva mercancía traducida en movimiento y corrimiento de bienes culturales y masas humanas. Un modo sutil de peregrinación al ara dorada del nuevo becerro de oro.

El objetivo último de la proposición realizada en 1997, ofrecida a la comunidad iberoamericana en un congreso internacional celebrado en Santiago y A Coruña el año 2000, y que reiteramos hasta hoy día, era y es la fundación de una Universidad Libre Iberoamericana en Galicia, con irradiación a la otra orilla del Atlántico. Una universidad concebida con este fin, dotada de personal y medios tecnocientíficos adecuados, propios de la sociedad del conocimiento, sería un gran aporte a la Unión Europea y culminaría de forma excelente la Ciudad de la Cultura. Conecta con los países emergentes de forma especial y diferenciada, tal como recomiendan estrategas de relaciones multipolares y crecimiento sostenible.

Para ello, renovamos desde estas páginas digitales de El Imparcial la sugerencia oportuna que le hicimos en febrero de 2009 al presidente actual de la XUNTA de Galicia de convocar otro congreso internacional que estudie, pondere y evalúe esta propuesta partiendo del plurilingüismo euroamericano. Una efemérides con representación de todos los países concernidos por las lenguas y culturas jacobeas; de aquellos otros que pudieran resultar interesados y ser objetivo preferente; instituciones, entidades culturales, universitarias; personalidades políticas, científicas, medios de comunicación, grupos financieros, industriales; creadores, en una palabra.
A Galicia le corresponde aprovechar el giro de la primera década del siglo XXI y darle un impulso a Europa con esta orientación euroatlántica.
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