17 de junio de 2019, 8:49:09
Opinion


La lengua, aquí y allí

Alejandro Muñoz-Alonso


Uno de los columnistas habituales del International Herald Tribune –que, como se sabe, es la edición “global” de The New York Times- Nicholas D. Kristof, publicaba en el número a caballo del año que se ha ido y del que está comenzando (31 de diciembre- 1 de enero) un interesante artículo sobre el aprendizaje de lenguas extranjeras en los Estados Unidos. Empezaba recordando que a uno que habla dos lenguas se le denomina “bilingüe”, al que habla tres, “trilingüe”…etc. para, con un cierto humor, preguntarse a continuación cómo debería llamarse al que no habla ninguna lengua extranjera. Su rápida respuesta era “un americano”. Tras la broma –que podría aplicarse fácilmente a los españoles- comentaba que, sin embargo, el chino mandarín se estaba poniendo de moda en los Estados Unidos. A los papás americanos, decía Kristof, les ha dado porque sus hijos den clases de mandarín en vez de clases de violín y señalaba que colegios y escuelas están respondiendo a la moda chinesca introduciendo el mandarín en sus planes de estudio. Sólo en Nueva York hay ya unas 80 escuelas que ofrecen este idioma, algunas, incluso, desde la fase inicial del kindergarten.

Kristof –que aprovecha para puntualizar que tanto él como su esposa hablan chino y para reconocer que ellos también han “torturado” a sus tres hijos intentando que dominen el mandarín- hace una crítica –más bien, por lo dicho, una autocrítica- de esta moda. Una “tendencia” esta que, después del entusiasmo oficial que ha suscitado en España la visita del viceprimer ministro chino, Li Keqiang, (cuarto, por cierto, en la jerarquía del gigante comunista, no el segundo, como han dicho nuestros babeantes gobernantes), podría también introducirse aquí, oficialmente y a no más tardar, como un capítulo de la Alianza de las Civilizaciones o incluso como un apartado de la Educación para la Ciudadanía. Pero Kristof no se queda ahí y, a continuación, escribe el siguiente párrafo: “La lengua que será esencial para los americanos y que, de lejos, tiene más aplicaciones cotidianas es el español. Cada niño en los Estados Unidos –añade- debería estudiar español, empezando en la escuela elemental”. Explica después las razones en que se basa este punto de vista que, claro está, tienen que ver con la importancia creciente de América Latina para los norteamericanos. Estima, además, que el español es más fácil de aprender, mientras que el mandarín exige cuatro veces más tiempo para obtener un progreso similar.

No es, desde luego, una novedad que se nos diga que el español está en alza, aunque sí conviene subrayar que eso es cierto y se puede afirmar de América e incluso de Asia, pero no de Europa…ni siquiera de España. Los hechos en que se basa esta afirmación son evidentes y tozudos. Ya he escrito en esta columna que el español está aceleradamente dejando de ser una lengua “europea” para quedar convertida en una importante, importantísima lengua “americana”, a pesar de haber nacido en este solar ibérico. En efecto, hace unas pocas semanas nos enterábamos de que, como se temía, la UE ha decidido que la patente europea sólo será oficial en inglés, francés y alemán; decisión absurda que ignora las posibilidades de ese enorme mercado que son los 500 millones de hispanohablantes, a los que se desprecia desde Bruselas. Lo peor de todo es que tal disparate tiene explicación porque el presente “Gobierno de España” –como se proclama con ocasión y sin ella- ha descuidado gravemente el respeto y la promoción de nuestra lengua común en las instituciones europeas y ha preferido preocuparse porque se admita en ellas el uso de nuestras lenguas regionales, en ciertos casos. Y a cargo, por supuesto, del Presupuesto del Estado español.

Nuestras lenguas regionales son cooficiales EN las respectivas comunidades autónomas y su traslado al plano internacional carece de cualquier sentido. Un despropósito similar a la introducción de las mismas en los debates del Senado, con desprecio patente de la lengua común, que hablan y entienden todos los senadores. Pero el descuido es mucho más amplio. Compruebo, a menudo, cómo en muchas reuniones internacionales las delegaciones italiana, rusa, alemana…etc. llevan sus propios intérpretes para permitir a sus delegados que se expresen en su lengua nacional. Los españoles sólo disponen de esta ventaja en determinadas ocasiones. Como resultado, se ven obligados a utilizar inglés o francés y la consecuencia es que, salvo contadas excepciones, se callan o muestran un manejo de los idiomas extranjeros francamente mejorable. La necesidad de hacer economías afecta también al uso de las lenguas. En la UE y, en general, todas las organizaciones internacionales se ha decidido que la documentación escrita se haga sólo en dos o tres lenguas. Las preferidas son el inglés, el francés y, a veces, el alemán. Las demás se excluyen, entre ellas el español, a pesar de los 500 millones de hispano hablantes. La consecuencia es que en los foros internacionales de este lado del Atlántico nuestra lengua común se oye cada vez menos. Mientras tanto el Gobierno… toca el violín, como los niños americanos antes de la moda del mandarín. O da subvenciones para fomentar el uso de las lenguas andinas.

Pero es que no hace falta salir del territorio nacional para constatar la regresión oficial, que no fáctica, del español. Bien reciente está la sentencia del Tribunal Supremo que declara contraria a derecho la inmersión lingüística escolar que se impone en Cataluña y aún más reciente la chulesca respuesta de las autoridades catalanas – las de antes y las de ahora- en el sentido de que no acatarán esa sentencia. ¿Alguien conoce alguna reacción del Gobierno del Estado ante semejante actitud impensable en un Estado de Derecho que lo fuera de verdad? Desde la Generalidad de Cataluña se utiliza un burlesco matasuegras contra el Tribunal Supremo como no hace tanto se utilizó contra el Tribunal Constitucional. No pasa nada porque los cortes de manga catalanes a las instituciones constitucionales forman parte ya del panorama cotidiano. Y es que este Gobierno practica la “rendición preventiva” no sólo ya ante los gobiernos extranjeros sino también ante los gobiernos regionales de nuestras comunidades autónomas. Pues que bien.
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