7 de diciembre de 2019, 11:08:48
Opinion


La enésima tregua-trampa de ETA



El reciente comunicado en que ETA anuncia una tregua unilateral y verificable era un secreto a voces. Faltaba conocer únicamente la fecha de su publicación, que coincidía en el tiempo -curiosamente- con la entrevista televisiva ayer noche de José Luis Rodríguez Zapatero. Y que se producía días después de que Batasuna dejara bien claro con su marcha del pasado sábado que su sitio está con los verdugos -son parte de un mismo todo- , nunca con las víctimas. Por fortuna, parece que esta vez nadie en el Gobierno o la oposición está dispuesto a repetir errores del pasado, descalificando un comunicado tan indigno como falaz. Salvo, eso sí, las inoportunas medallas que se ha colgado Alfredo Pérez Rubalcaba, atribuyendo al Ejecutivo del que forma parte un supuesto éxito en el parón de la actividad terrorista. Se equivoca gravemente el señor Rubalcaba, por cuanto la lucha contra ETA ha sido una prioridad de todos los gobiernos que en democracia ha habido, y todos ellos han puesto su granito de arena en que la pesadilla acabase. Más aún, hasta el atentado de la T-4, puede decirse que el presidido por José Luis Rodríguez Zapatero fue el que más esperanzas les pudo dar, con tanto afán de sentarse a una mesa de diálogo con quien sólo entiende el lenguaje de las armas.

Dicho lo cual, no es esta la primera tregua de ETA. Ya ha habido al menos una decena con anterioridad y todas ellas desembocaron en la comisión de nuevos atentados, sabotajes y extorsiones. Demasiado como para confiar en una banda que lleva décadas asesinando. Está, además, la altanería de unos terroristas que aluden a una posible verificación internacional, como si no supieran que en un estado democrático son la justicia y los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado quienes se encargan de semejante cometido. Hay casi un millar de familias que han perdido a sus seres queridos por la sinrazón de un grupo de criminales cuya única salida es el anuncio del cese definitivo de la violencia y la entrega de las armas. Después, todo es conversable; antes, todo lo demás sobra.
El Imparcial.  Todos los derechos reservados.  ®2019   |  www.elimparcial.es