22 de septiembre de 2021, 4:41:54
Opinión


Los diputados y senadores no reformarán sus pensiones

Javier Cámara


¿Alguien se sorprende de que los políticos se hayan convertido en la tercera de las preocupaciones de los españoles? Según el CIS, uno de cada cinco españoles tiene esta percepción, sólo superada por la crisis galopante que nos acucia y, por supuesto, el paro.

Con una actitud más propia de los galácticos del fútbol o las estrellas del cine hollywoodiense, nuestros diputados y senadores, lejos de alinearse con los problemas de los que les representan y que, además, han decidido con sus votos que estén ahí, viven una realidad muy distinta a la de los ajustes de la crisis que ellos mismos predican.

La inquina viene, entre otras muchas cuestiones, cuando Zapatero dice que habrá que trabajar obligatoriamente hasta los 67 años y congela las pensiones porque no hay dinero. Nuestros parlamentarios se sonríen. Ellos, al margen de las medidas económicas restrictivas, mantienen sus privilegios porque, como dice el Letrado Mayor de las Cortes, su situación “no es comparable a la del conjunto de los ciudadanos”. ¿Son distintos?

Molesta ver que se sienten por encima del común de los mortales. Tanto como los controladores aéreos que el ministro José Blanco se encargara de vilipendiar por sus prerrogativas desmesuradas y sueldos estratosféricos. No se observa, sin embargo, esa misma pro actividad con los diputados y senadores que ven garantizado el máximo de su pensión con tan solo 12 años trabajados cuando usted o yo tenemos que trabajar 35.

Si ya dolió que en 2006 todos los partidos aceptaran su actual modelo de pensiones, esta circunstancia es más hiriente en un momento de crisis económica, de recortes y subidas de impuestos. Resulta difícil de creer que sólo Rosa Díez sea la única que aboga por un gesto de igualdad con los ciudadanos y pida una revisión del sistema de protección social de nuestros parlamentarios.

Y digo yo: ¿Dónde quedó aquello de predicar con el ejemplo? ¿Tan mal sonaría que tuvieran un buen sueldo y que después tuvieran que trabajar los mismos años que el resto? ¿Por qué tiene que ser distinto el modelo de pensiones de un parlamentario y el mío? ¿Por qué motivo un diputado puede estar aforado y ser tratado de forma desigual ante la Justicia? ¿Por qué tienen un mes de vacaciones en Navidad? ¿No ven el enfado que este modelo de pensiones suscita en el ciudadano? ¿No quieren verlo o les da igual?

Insisto, la evidente desafección de la ciudadanía con la clase política se agrava con declaraciones como la del Letrado Mayor de las Cortes cuando dice que los diputados y senadores merecen un tratamiento “digno”. Será que el resto de españoles es de segunda clase y no lo vale.

El problema no es que ganen mucho dinero. Nuestros diputados y senadores, y cualquier político o representante de los ciudadanos, se merecen un buen sueldo –no estoy en contra de que cada uno vea reflejado en su nómina su valía–, el problema es que no nos sacan de la crisis, sus decisiones no generan empleo y sus proyectos no rebajan los impuestos. En definitiva, molestan sus privilegios y que cobren mucho porque no dan resultados y esa incapacidad la pagamos todos. A los hechos me remito.
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