13 de noviembre de 2019, 18:43:22
Los Lunes de El Imparcial

reseña


Viviana Fernández García: Taradas


Viviana Fernández García: Taradas. Carena. Barcelona, 2010. 176 páginas. 16 €


Taradas es probablemente una de las mejores novelas que he leído en los últimos meses, aunque reconozco que de primeras la acogí con cierto recelo. La primera tentación fue meter a este libro que narra las historias paralelas de cuatro veinteañeras en el cajón de la “literatura femenina”. Pero Taradas, aunque tiene el amor y el sexo como claros hilos conductores de la trama, no tiene nada que ver con las novelas facilonas sobre mujeres modernas con alma de princesas hartas de besar sapos que nunca se convierten en príncipes. En Taradas no hay personajes planos, tópicos, ni típicos. No busca moralejas fáciles ni tranquilizadoras; no hace guiños humorísticos a la lucha de sexos, ni quiere ser la voz o el espejo de una generación, ni –por supuesto– de un género. Taradas es una novela sobre la vida, los miedos y las alcantarillas espirituales de un montón de personajes a cuyos abismos nos asomamos sin arneses ni cinturones de seguridad.

Viviana Fernández García consigue con esta novela adentrarse en los claroscuros humanos, a través de cuatro chicas que no son ni buenas, ni malas, ni todo lo contrario. Personajes reales sin serlo, que sienten y piensan en su totalidad sin que se perciba en las entretelas cualquier tipo de estragante discurso impostado. La novela es cruel en ocasiones, como lo es la vida. No permite al lector ni un respiro, ni un solo asidero para descansar o consolarse ante la cruda realidad que en sus páginas se muestra desnuda, obscena y sin tapujos.

Y no son los pasajes más oscuros de Taradas –y los hay muy oscuros, violentos e incluso repulsivos; violaciones y abusos sexuales paterno-filiales incluidos– los que más desasosiego causan. Fernández García logra de forma magistral que escenas cotidianas, que de otra forma causarían hasta risa, como la de la adicta al amor romántico que se da de bruces con la simple realidad, se conviertan en ganchos letales, incómodos y pegajosos, que nos recuerdan que la desesperación y la desesperanza no siempre van acompañadas de motivos rimbombantes que den un cierto halo de dignidad a nuestras miserias. Miserias que disfrazamos de monotonía, de sueños, de adicciones, de palabras o de cuentos, como lo hacen todos y cada uno de los personajes de Taradas.

Si a todo esto le sumamos una escritura magnífica, poética, ágil y original, de esas que cada vez cuesta más encontrar en un tiempo en el que abundan los textos regurgitados, llenos de palabras manoseadas y relamidas, tenemos como resultado una novela, repito, estupenda. Un pequeño regalo envenenado que nos reconcilia con la literatura pero que eso sí, no nos ayudará a conciliar el sueño.

Por Regina Martínez Idarreta
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