22 de septiembre de 2019, 20:31:22
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La recuperación de Turquía



Después de casi cinco décadas de esperar en la antesala de Europa, Turquía se está cansando. El estancamiento del proceso de integración del país va a ser un motivo más de tensión en las relaciones con la Unión Europea en 2011.*

Europa representa todavía casi la mitad del comercio turco, y Turquía necesita a la UE para modernizarse. En cuanto a los intereses comunitarios, Turquía es miembro fundador de la OTAN y un ejemplo poco frecuente de Estado predominantemente musulmán que es al mismo tiempo una democracia laica y pluralista, aunque aún no lo sea del todo. Además, Turquía es un eslabón fundamental en una de las rutas de transporte de energía de Asia Central a Europa. Con un ritmo de casi el 6 por ciento en 2010, es la economía del G-20 que más rápido está creciendo después de China y puede ser la segunda más grande de Europa en 2050.

Después de más de cinco años de negociaciones, Ankara no ha abierto más que 13 de los 35 “capítulos” o aspectos legales y estratégicos necesarios para completar su proceso de integración en la UE. Y no ha cerrado más que uno (ciencia e investigación). Todavía hay alrededor de 18 capítulos bloqueados por la UE en su conjunto, por Francia o por Chipre. Al ritmo actual, las negociaciones acabarán pronto por detenerse del todo.

En diciembre de 2006 la Unión Europea suspendió de forma unánime ocho capítulos porque Turquía se negaba a ampliar su unión aduanera (en vigor desde 1996) y a permitir a las naves grecochipriotas acceso a sus puertos y aeropuertos. Ankara no va a ceder hasta que el Consejo Europeo cumpla su promesa de relajar el aislamiento económico de la República Turca del Norte de Chipre (RTNC), que carece de reconocimiento internacional. La RTNC (el 36 por ciento de la superficie) está ocupada por Turquía desde su intervención militar en 1974 (en virtud del tratado de garantías de 1960, que le daba el derecho a actuar), después de unas luchas entre las comunidades greco y turcochipriota y un intento de incorporar la isla a Grecia mediante un golpe militar.

La tensión entre Chipre y Turquía se ha convertido en un obstáculo para poder estrechar los vínculos entre la UE y la OTAN. Turquía, el segundo ejército más grande de la Alianza, veta cualquier intento de permitir a las autoridades grecochipriotas el acceso a documentos secretos y Chipre se opone a la participación turca en los órganos de defensa de la UE. Turquía no tiene acceso a los documentos de la UE relacionados con misiones militares (ni siquiera de aquellas en las que participa) y tampoco se le permite ser observador en los procesos importantes de toma de decisiones. Es absurdo que Turquía sea el único miembro de la OTAN que no ha firmado un acuerdo de seguridad con la UE.

En 2011 la UE debe hacer caso omiso de las objeciones e incorporar a Turquía a su política exterior y de seguridad, es decir, no esperar a que sea miembro de pleno derecho para hacerlo. La contribución de Turquía a la Política Europea de Seguridad y Defensa ya es superior a la de algunos otros Estados miembros. Aporta el segundo mayor contingente de tropas a la Operación Altea en Bosnia-Herzegovina, a pesar de que el órgano que toma las decisiones –la Agencia Europea de Defensa– está fuera del alcance de Ankara. Turquía tiene también más tropas de paz en Afganistán que la mayoría de los países de la UE, como España, y es el único país musulmán que participa en la misión dirigida por la OTAN.

No es extraño que la política exterior de Turquía se haya vuelto más firme y esté mirando cada vez más hacia el Este. Desde el final de la guerra fría, cuando Turquía dejó de ser el centinela en la primera línea, era lógico que el país prefiriese construir una política exterior más independiente respecto a sus vecinos, que reflejase sus propios intereses y su incipiente fortaleza económica. Ahora, dado el ritmo de las negociaciones de incorporación, es comprensible que Ankara tenga todavía más deseos de mantener abiertas todas sus opciones. La clase dirigente turca, al menos, no ha olvidado las palabras del presidente del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy, cuando declaró en 2004, entonces como primer ministro belga, que Turquía “no es parte de Europa ni nunca lo será”.

La nueva atención de Ankara a Oriente Próximo cuenta cada vez con más respaldo de los turcos: se ha duplicado en el último año, hasta el 20 por ciento. Esta subida fue acompañada de una caída de nueve puntos de quienes dicen que Turquía debería cooperar con la UE.

La puerta a la plena pertenencia parece cerrada sin remedio. Eso hace que el Gobierno no tenga incentivos para impulsar las reformas necesarias para la incorporación. ¿Por qué va a abrir Turquía su mercado de contratación pública (uno de los pocos capítulos restantes que puede abrirse) a más competencia si no existen garantías de que vaya a entrar de pleno derecho en el club europeo?

Los Gobiernos de la UE deben dejarse de tonterías y empezar a “talk Turkey” (que en ingles quiere decir hablar con toda franqueza). Hasta ahora, casi todo han sido evasivas y palabras huecas, incluso entre sus partidarios. Por ejemplo, al día siguiente de defender la integración de Turquía en Ankara, el primer ministro británico David Cameron dijo que había que reducir enormemente el número de inmigrantes que llegan a Gran Bretaña procedentes de países de fuera de la Unión. Frases así envían mensajes confusos.

La enorme dimensión de Turquía, con una población de 75 millones, hace que sea difícil encontrarle hueco en la UE. Quizás ha llegado la hora de abordar el asunto de la libre circulación de personas y decir a Ankara que eso sería imposible hasta dentro de muchos años, en cualquier caso, incluso después de su entrada en la Unión.

En 2011 la UE debe dar a Turquía una fecha firme para la integración, que debería ser 2023, para conmemorar el Centenario de la fundación de la República. El desencanto turco y las evasivas de la UE están creando un círculo vicioso que es preciso romper.

(*) Esta columna es un resumen de un artículo publicado por FRIDE ( http://www.fride.org/publication/880/challenges-for-european-foreign-policy-in-2011.-after-the-crisis)

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