23 de enero de 2020, 4:25:05
Opinion


El ingreso anual de 75 mil dólares y la felicidad

Hidehito Higashitani


“Con un alto ingreso, uno puede mejorar la evaluación de su vida, pero no su bienestar emocional.” (High income improves evaluation of life but not emotional well-being.)

Ésta es la conclusión que saca el equipo de economistas de la Universidad de Princeton –los profesores Daniel Kahneman y Angus Deaton- en un reciente estudio publicado en la prestigiosa revista científica estadounidense Proceedings of the National Academy of Sciences of USA. El estudio está basado en la encuesta que se realizó a través de las consultas telefónicas con unas 450 mil personas con respecto al nivel de satisfacción individual en su vida diaria y al de su ingreso familiar anual.

El resultado general de la encuesta es lo siguiente: En términos generales, el grado de satisfacción que siente uno por su vida individual, como es de suponer, suele estar a proporción de la cantidad de ingreso anual de su familia. Sin embargo, cuando el ingreso anual pasa de 75 mil dólares, ya desaparece esa correlación entre la cantidad de ingreso y el grado de sensación de bienestar que uno puede sentir.

La conocida agencia de sondeo de opinión pública The Gallup Organization se encargó de reunir datos entre 2008 y 2009 llamando por teléfono cada día a mil personas. La encuesta consistía en preguntarles si experimentaron el día anterior las sensaciones de felicidad (alegría, placer interno o holgura, por ejemplo) o de desagrado (tristeza, ira o estrés) y en pedir a cada uno de los encuestados que mida el grado de sensaciones subjetivas de bienestar o de desagrado que haya tenido. Y al analizar los datos reunidos por la encuesta, el equipo investigador pudo comprobar que existe la tendencia general en el grupo de renta baja de que cuanto más ingreso anual consigue uno, tanto más sensaciones de felicidad y de bienestar obtiene. Sin embargo, para los que tienen más de 75 mil dólares anuales de ingreso, no se ha podido comprobar la misma tendencia.

Por otro lado, se hacía la pregunta de “¿A qué grado sitúa usted su vida actual con el supuesto de que pueda existir para usted el grado más alto de felicidad y el más bajo de desgracia?” y se pedía a cada uno de los encuestados calificar su vida en once grados entre el cero y el diez. En este caso, cuanto más ingreso anual conseguía uno, tanto más alta ha sido la calificación para reconocer el valor de su propia vida y esa tendencia seguía aumentando a proporción de la cantidad del ingreso anual.

Con todo ello, el equipo llega a la conclusión de que con un alto ingreso, uno puede obtener la alta valoración de su propia vida, pero no puede ‘comprar’ ni la felicidad ni la satisfacción interior.

El profesor Daniel Kahneman es conocido como el teórico que fundó las bases de la ‘economía conductual’ con su teoría denominada ‘de las perspectivas’ (‘prospect theory’) y obtuvo el Premio Nobel de Economía en 2002 por haber introducido elementos psicológicos en la ciencia económica.

En Occidente ya desde la antigüedad de los sabios griegos, se ha venido repitiendo la enseñanza de que la virtud está en el medio como una de las reglas fundamentales del buen comportamiento humano. Parece que la conclusión de los profesores de Princeton confirma una vez más esa sabia lección.

Y tembién en Oriente, sin ir más lejos, veo y leo diariamente en el jardín de mi casa el sabio consejo de los monjes de Zen grabado con los cuatro caracteres chinos –signos que representan las ideas de ‘yo’, ‘solamente’, ‘saber’ y ‘suficiencia’ respectivamente- bien trazados en el borde de un tsukubai (recipiente hecho de piedra para contener agua para purificarse las manos) a imitación del que existe en el famoso templo de Ryoanji de Kioto, que en conjunto forman la conocida frase de “Sé contentarme con lo poco”. Son palabras que expresan de forma concisa la idea del budismo Zen, que vienen a significar que “el que sabe contentarse con lo poco, aunque muy pobre, es un hombre rico y aquel que no sabe contentarse con lo que tiene, aunque rico, es un hombre sumamente pobre,”

Por otro lado, la conclusión del equipo investigador de la Universidad de Princeton también se puede interpretar en plan cínico como la indicación de que para ser feliz tenemos que conseguir por lo menos el ingreso anual mínimo de 75 mil dólares.

Hay que reconocer que existe una gran masa de gente en el mundo cuyo ingreso anual no llega, ni de lejos, a esa cantidad que se requiere para ‘comprar’ y obtener la sensación de bienestar y la de felicidad interior. Si con 75 mil dólares se puede llegar al colmo y tope de la felicidad, tenemos que comprender que hay todavía mucha gente a quien aún falta dinero para ser feliz de verdad.

He aquí un corto poema burlón y sarcástico de un poeta japonés:
“Si nos predican, con ese aire sabihondo,
que el dinero no nos pueden traer la felicidad,
no tendré ningún inconveniente
en recibir ese dinero que les sobra”
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