19 de noviembre de 2019, 6:11:48
Opinion


La paliza de Murcia o el síntoma de una España en el disparadero

Alejandra Ruiz-Hermosilla


Es intolerable la agresión sufrida por el consejero de Cultura de Murcia. Hay que condenar ese ataque y toda forma de violencia. Pero se equivocan quienes responsabilizan de ese acto repugnante a los políticos, sindicalistas y ciudadanos que en las últimas semanas se han manifestado contra las medidas de ajuste económico emprendidas por el Gobierno murciano.

Hay que perseguir, detener y enjuiciar a quienes hayan intimidado, amenazado, injuriado y violentado a los miembros del Ejecutivo de Murcia y a sus familiares. Y hay que depurar las responsabilidades de quienes debieran haber protegido -desde la Delegación del Gobierno- a esos cargos ante el clima creciente de agresividad que se cernía sobre la región. Sin embargo, no es de recibo en una sociedad libre y democrática el criminalizar a las personas que critican en público a determinados políticos o muestran su desacuerdo con decisiones políticas concretas.

Si hay delito, a por ellos, y si hay negligencia, también. Pero si no, evitemos la mordaza. Nuestra legislación persigue la apología e instigación de la violencia y esos deben ser sólo los supuestos en los que la libertad de expresión y opinión sea limitada. Bastante peligro supone ya el anteproyecto de la ley de Igualdad de Trato y no Discriminación que está perpetrando el Gobierno como para que quienes amamos la libertad caigamos en la trampa de condenar manifestaciones y protestas porque crispen al personal o sirvan como excusa -que no justificación- para delinquir.

Otra cosa es que reconozcamos que España en general está muy susceptible y que cualquier pequeña chispa puede servir para hacer fuego. Si nos pegamos por el fumar, es de cajón que nos pegaremos por el comer. Está mal, muy mal, ningún argumento puede hacer buena una paliza, pero sí explicarla: estamos muy hartos de tanta imposición, sobrados de incompetencia por parte de los políticos y saciados del cinismo de quienes dicen trabajar por los españoles cuando sólo se afanan por conservar la poltrona y hacerse con una mayor. Lo único sorprendente de la tremenda paliza a Pedro Alberto Cruz en Murcia es que se suma a una serie de agresiones de carácter político que en España se han cometido, mayoritariamente, contra autoridades regionales del Partido Popular, responsables de partidos minoritarios en la oposición o integrantes de organizaciones civiles poco afectas al Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. Curioso.

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