20 de octubre de 2019, 18:21:32
Opinion


Javier Bardem quería ser pintor

Alicia Huerta


Javier Bardem quería ser pintor; para ello se formó en la Escuela de Artes y Oficios, sin descuidar tampoco su faceta más deportiva como pilier y tercera línea en las categorías inferiores de la Selección Española de Rugby y en el equipo del Liceo Francés de Madrid. Pero nacer en una familia en la que abuelos, madre, hermano, tío y primo dedican su vida al cine, tiene que marcar demasiado y parecía claro que, antes o después, Javier se subiría a un escenario o se colocaría frente a una cámara. En su caso, desde luego, fue mucho antes que después, porque con sólo cinco años ya se le pudo ver en una serie de televisión y, poco tiempo después, en una película cuya protagonista era su madre.

Aún así, él parecía seguir a lo suyo, como si eso de interpretar fuera, en realidad, un hobby, una forma de hacer algo de dinero antes de ponerse a vender con éxito sus cuadros. Hasta que “Jamón, jamón”, esa trágica e increíble cinta de Bigas Luna, le sumergió a mucha más profundidad en el océano cinematográfico. Claro que, por entonces, su especial físico marcaba con fuerza los papeles que le venían adjudicados. A nadie se le escapa, ni siquiera ahora, que las rotundas facciones del actor de poderosa mandíbula y aire amenazador encajan bastante más con el look de jugador de rugby que con el de glamourosa estrella de Hollywood. Pero si es verdad que, como dice Paulo Coelho en “El Alquimista”, todos nacemos con la única y verdadera obligación de seguir hasta alcanzarla nuestra propia “leyenda personal” y que si te desvías, la propia vida vuelve a colocarte en el camino, está claro que Javier debía apuntar a lo más alto del cine. Y que ahora está donde tiene que estar.

Porque, independientemente de sus posicionamientos sociales o políticos que pueden gustar o no, Bardem es, sin duda, un actor con todas las papeletas para llevar a cabo su predestinada misión. Y, aunque tampoco parecía fácil que fuera capaz de salir del rol de tipo duro que tan bien casa con su apariencia física o sus andares de chulo y de matón, lo cierto es que no sólo lo ha logrado en tiempo record, mucho menos, por ejemplo, que el que tuvo que emplear Clint Eastwood para suavizarse ayudado por las inevitables arrugas que marcan en un rostro la edad, sino que ha sido ya capaz de enternecer a la pantalla, apropiándose como sólo un buen actor sabe hacer de cualquier personaje, que al principio yace inerte entre las líneas de un guión a la espera de aquel que se encargue de insuflarle la vida.

Su primera nominación a los Oscar en la categoría de Mejor Actor, ya nos mostraba al recién estrenado papá en un papel lejos de él mismo, con “Antes de que anochezca”. Y si cuando, por fin, se llevó el prestigioso galardón de la Academia de Cine norteamericana fue por su interpretación de un tipo frío, el memorable asesino a sueldo de “No es país para viejos”, por entonces ya habíamos podido comprobar su extraordinaria capacidad de mimetismo en otra de las cintas que le trajo merecidos éxitos nacionales e internacionales, “Mar adentro”.

Su tercera nominación como candidato a ganar el que sería su segundo Óscar es, seguramente, la que vendría a reconocer su papel más logrado hasta el momento, a través de su reencarnación en Uxbal, el protagonista de la cinta de Alejandro González Iñarritu titulada Biutiful, también nominada en la categoría a Mejor Película en lengua extranjera. Una película que destaca por el desgarro de la historia que narra, con un resultado de cuidado drama lleno de sensibilidad, y que es capaz de llegar con fuerza y golpear sin miramientos al espectador, gracias a la soberbia interpretación de Bardem, quien cuida con esmero cada uno de sus movimientos, de forma que tanto el ritmo de su acento como las sutiles expresiones de su rostro quedan por completo al servicio de un gran trabajo actoral que enriquece al filme.

Sin embargo, ya sabemos que hay otras muchas variantes con las que contar a la hora de alzarse vencedor de un codiciado Oscar, y en esta próxima edición del festival de cine más famoso del mundo, ya hay un claro y merecido favorito, que, además, acaba de cumplir con la tradición de llevarse el Globo de Oro, premio que suele coincidir con la elección de los académicos de cine estadounidenses. Bardem es un gran actor, sí, pero, Colin Firth con su tartamudo rey es un durísimo competidor.
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