22 de septiembre de 2021, 9:54:09
Opinión


Déficit autonómico

José Eugenio Soriano García


La visita de Artur Mas a La Moncloa, preparada por los medios con gruesos acentos de advertencias, presión y amenazas si no se atienden sus exigencias, no deja de plantear algunas dudas desde la perspectiva financiera.

Las finanzas que dejó el tripartito en la Generalidad, son para echarse a temblar. Lo más suave que se puede decir de ese descontrol es que era un despilfarro continuo. El número de empleados que colocó el tripartito, los dispendios en informes y dictámenes de conocidos y demás leales, los costos de sus legaciones en el extranjero jugando a no se sabe bien qué, sus gastos de promoción de todo lo que se le ocurriera a cualquiera que pasara por allí, al final han acabado pasando la factura que tenían que tener.

No tiene el menor sentido que el Gobierno central fuerce las cosas y luego cada autonomía y cada ente que juegue a ser autonómico, gaste lo que no tiene y luego pida que le enderecen el presupuesto a costa siempre de los mismos.

Pondré en esta línea un ejemplo que no es de una Autonomía territorial pero que sí lo es de entidades que van de autónomas… con el dinero de las demás. Me refiero a las Universidades. Es asombroso el déficit en que están incurriendo muchas de ellas, sin que pase nada. En unos momentos en que el Estado se aprieta el cinturón y no convoca oposiciones absolutamente necesarias de cuerpos de funcionarios, las Universidades, “pasando” del déficit, colocan a diario a decenas y decenas de profesores de distinto pelaje. Para ello dispone de la formidable arma de la ANECA que ya ha colocado… ¡a diez mil, (10.000)!, sujetos a los que ha dicho que están “¿acreditados?” para colocarse a costa del presupuesto autonómico. Por cierto, sin protesta alguna de las Autonomías, que no han seguido con su poder de gasto ninguna política de calidad en el acceso a las cátedras universitarias. Habrá que hablar de esto en algún próximo artículo. Ahora, limitémoslo a comprobar que ese déficit de las Universidades, entre otros déficits, bascula y cae sobre la Autonomía respectiva, añadiendo a la hemorragia que sufren los dineros públicos nuevas imposiciones y exigencias de toda clase.

Si pretendemos que nos tomen en serio en la Unión Europea, el control sobre el déficit es la primera de las exigencias. Y también una regulación apropiada. No hace muchos días, el mayor responsable en Portugal del Banco Espíritu Santo, decía que el Banco de Portugal, nunca habría permitido la exposición al riesgo inmobiliario que aquí se permitió por el Banco de España. Si es cierto totalmente o no, es algo que desconozco, pero la fuente es muy autorizada. Y ello, conduce de nuevo a lo mismo: porqué se permitió que las Cajas de Ahorros, principalmente, financiaran brutalmente estos despropósitos. Por qué se permitió que algunas Cajas, dominadas por los políticos, obedeciendo al cacique de turno gastaran lo que no tenían haciendo, por ejemplo, aeropuertos en la mitad de un erial y a unos metros casi de una estación de un tren de alta velocidad (a unos metros para una Región, entendámonos).

Tiene que haber leyes cada vez más detalladas. No se puede confiar sin más en que con la libre autonomía, la gestión cumplirá los objetivos del déficit. Y el endeudamiento para financiar aquél, tiene que estar también controlado. De una vez.

Déficit financiado por deuda con gastos sin fin para no cumplir ningún objetivo público general: tal sería la definición de los gastos de muchos entes autonómicos, desde los instrumentales, hasta las mismas Comunidades Autónomas.

Esta situación si no la cambiamos, alimentará sí a una clase política sin escrúpulos que se ha convertido en las encuestas en el tercer problema de nuestro país. Hay que abordar con espíritu de regeneración la estabilidad presupuestaria, el “santo horror al déficit” y la normalidad en saber que las generaciones futuras no pueden cargar con la pesada hipoteca que les estamos dejando.
No se puede continuar mirando a otro lado. No se puede permitir que la amenaza de quiebra, de suspensión de pagos, de intervención o llámesela como se la llame, llame a tu puerta, valga la repetición.

No se puede continuar en la pura “corrección política” inasequibles al desaliento e impasible el ademán. Y hay que admitir ya que la crítica ocupe el lugar que corresponde, y que a partir de ahí, se adopten medidas más racionales, sin dejarse llevar por amenazas, coacciones y otras imposiciones que solamente sirven para dar muy mal ejemplo, frustrar a los ciudadanos que ven como los políticos van a su mundo a costa de nuestro sacrificio, ni tampoco se puede seguir pensando que una Autonomía puede salirse de las reglas del juego, porque si no, eso es un ataque al mismo corazón autonómico.

No lo es. Hay que comenzar a exigir que la crisis económica tenga impacto sobre todos, no solamente sobre pensionistas, jubilados y parados. No se puede continuar bajo la dictadura de la corrección política, tan hipócrita y cínica, que siempre salva de que se apliquen las medidas a quienes tienen el poder. Hay que recuperar el mérito y la capacidad, la exigencia de calidad, la transparencia y la concurrencia, la competencia, la legalidad. En fin, una serie de valores, principios y virtudes que están todas cifradas en el Estado de Derecho y que no pueden ser eliminadas por el estado del despilfarro.
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