12 de noviembre de 2019, 7:10:42
Los Lunes de El Imparcial

reseña


Alicia Huerta: Delirios de persecución


Alicia Huerta: Delirios de persecución. Edición personal. Madrid, 2010. 243 páginas. 20 €


La tranquila vida de Marcos, un hombre joven con una sólida carrera en un banco y una mujer, Claudia, a la que ama y conoce desde la niñez, se desmorona el día en que ella comienza a comportarse de forma extraña como consecuencia de un trastorno psicótico delirante. Claudia y su hijo mueren en extrañas circunstancias y Marcos se tomará excedencia para asimilar lo ocurrido y encontrar respuesta a las preguntas que le asaltan. De fondo, una trama de robo internacional de obras de arte. ¿Realmente la seguían o todo era invención de su mente enferma? ¿Se suicidó o la asesinaron? Tendrá que bucear en sus recuerdos, y en los aspectos hasta entonces desconocidos de su esposa, para averiguarlo.

Con un lenguaje directo y sencillo, Alicia Huerta debuta en el mundo literario con una novela que inocula en el lector la intriga desde las primeras páginas y logra mantener esa tensión hasta el final. Sin grandes artificios y con un ritmo rápido gracias a la multitud de diálogos salpicados entre sus páginas, la autora intercala recuerdos del pasado con escenas del presente para hilvanar la historia. De hecho, pasado y presente conviven, de forma intercalada, durante dos terceras partes de la novela.

Pero lo realmente valioso de esta obra es la naturalidad con la que Huerta acerca la enfermedad mental al lector. Se la muestra sin pudor y desnuda, al mismo tiempo, a quienes más la sufren, los familiares más cercanos que son, en definitiva, los que más se desgastan en su lucidez. Además, este nuevo talento de las letras obliga a quien se adentra en esta novela a imaginarse ante una tesitura no tan descabellada hoy en día, la del protagonista, y a tratar, en consecuencia, de prever sus propias reacciones. Estamos acostumbrados a confiar en nuestros seres queridos pero, ¿hasta qué punto lo hacemos si son diagnosticados de una enfermedad mental? ¿Qué credibilidad les concedemos a partir de ese momento? ¿Cómo distinguir lo real de lo imaginario?

Otro de los grandes asuntos que aborda esta escritora con maestría es el de la culpabilidad, un tormento auto infligido cuando la duda se instala en nuestra conciencia. Cada página de este libro rezuma dolor, el de Marcos, el protagonista, pero no se trata de un dolor sereno y definitivo, sino de un dolor vivo, desgarrador y violento que araña su alma y sus pensamientos y no le permite descansar. La radiografía de la culpa que la autora logra en estas páginas es casi perfecta.

Y a pesar de la enfermedad, la muerte, el desgarro, la pena, la duda y la culpa, la codicia y la maldad, también hay lugar en esta historia para la ternura, el amor, la amistad, el espíritu de lucha, la tenacidad y el valor. En muy pocas páginas, Huerta se retrata como una magnífica narradora capaz de transmitir la esencia de sentimientos tan encontrados y tan intensos. Se mueve muy bien entre ellos, se siente cómoda y se nota. Sabe representarlos de forma casi visual. Quizá por la influencia de la pintura en ella, ya que además de escritora, es también pintora y abogada, y colabora en el diario digital El Imparcial.

Esa misma facilidad demuestra tener a la hora de describir personajes, lugares o situaciones. Pocas pinceladas bastan para tener una imagen mental de cada uno de ellos. Algo parecido le pasa a quien descubre a esta escritora, cuya primera obra logra crear ese ansiado vínculo especial con el lector que le obliga a esperar con impaciencia y ganas la publicación de la siguiente. Toda una promesa.

Por María Cano
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